"LA DUDA", DE JOHN PATRICK SHANLEY, EN EL TEATRO STELLA D´ITALIA

Hay en nosotros, a la vez, infierno y cielo

La duda («Doubt») fue su primer y un tanto tardío éxito en Broadway (2005); la imitación de todo lo que signifique boletería determinó su presentación en Buenos Aires, ahora en nuestro medio; en diciembre comenzará el rodaje del filme, con Meryl Streep y Phillip Seymour Hoffman. Un antecedente de esta pieza por Shanley debe haber sido la estrepitosa pedofilia de varios ministros de la diócesis de Boston, en Estados Unidos (fines de 2002), con las secuelas de la renuncia del cardenal Bernard Law, que habría encubierto delitos que debió denunciar y de unos 450 juicios por indemnización a las víctimas; tal vez las dificultades escolares de Shanley fueron el otro elemento que catalizó esta versión del tema.

La acción sucede en un colegio católico del Bronx. Una monja (hermana Luisa, por Gabriela Toscano) sospecha que su superior, el padre Juan (Fabián Vena), ha tenido avances homosexuales con un alumno adolescente, Brian Müller, el único estudiante negro, discriminado y hostilizado por sus compañeros. Diversas situaciones, en particular un par de homilías sobre culpa, redención e intolerancia, los sugieren; otras circunstancias parecen negarlos.

Una entrevista de la hermana Luisa y la madre del niño (Sra. Müller, por Silvia Baylé), una de las mejores escenas de la pieza, se resuelve en una angustiosa ambigüedad, que nos hizo recordar uno de los mejores esquicios de «Monólogos de la vagina», de Eve Ensler: la madre de Brian insinúa que el cariño, cualquier cariño, del padre Juan, es mejor que el trato brutal del padre de Brian, que lo golpea regularmente, o la prepotencia de los condiscípulos. La monja hostiga al sacerdote para sonsacarle lo que cree la verdad oculta; recurre para ello a artificios forenses que incluyen la mentira, por donde revela, más que un cuidado por la integridad del joven, un dudoso ­la palabra es particularmente adecuada a la pieza­ ánimo persecutorio.

Al fin el sacerdote obtiene su traslado; la monja, de cara al público, como el padre Juan en sus homilías, revela que pese a su actitud de fiscal de crimen tenía y tiene dudas sobre aquella inconducta; el espectador discutirá qué sucedió. El autor parece tomar partido por el sacerdote, o por lo menos contra la intolerancia, el dogmatismo y la rigidez. La obra es lineal y los personajes unidimensionales. Si comparamos «La duda» con los antecedentes sobre el mismo tema, «The Browning version» de Terence Rattigan o «La ville dont le prince est un enfant» de Henry de Montherlant, que, dicho sea de paso, fue expulsado de su colegio por homosexual, la pieza de Shanley es muy inferior. Empero, dentro de una competencia artística general, la justifican tres méritos: la destreza profesional de los diálogos, la estructura y el cuidado del detalle vivo; en la escritura, los dos magistrales sermones del sacerdote, de frente al público, auténticos y confesionales; y finalmente, pero no lo menos, la interpretación de Fabián Vena, que electriza la escena no bien pone un pie en ella. *

LA DUDA, de John Patrick Shanley, versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino, con Gabriela Toscano, Fabián Vena, Magela Zanotta y Sylvia Baylé. Escenografía de Carlos Rivas y Martín Papanicolau, iluminación de Fernando Dopazo, vestuario de Goga Dodero, música de Nico Posse y Mono Morello, dirección de Carlos Rivas. En teatro Stella D’Italia, estreno del 27 de abril.

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