Humor en la relación de una pareja despareja
Alejado de las coordenadas standarizadas de la clásica comedia pasatempista (al estilo Francella) de la vecina orilla, la producción de Taratuto ha sido tibiamente emparentada con la de Woody Allen en clave rioplatense. La comparación, obviamente, es exagerada pero intenta ejemplificar la posible distancia que establece «¿Quién dice que es fácil?» con esas liviandades clásicas. Estos matices existen, desde luego, y buena parte del mérito (además de Taratuto, obviamente) probablemente descanse en el guionista Pablo Solarz (» Historias mínimas«) que genera diálogos interesantes, más allá de la buena labor desarrollada por la dupla Peretti/Peleretti. En este sentido, el ensamble de la relación actoral logra una química más que atendible a la hora de conciliar personalidades diferenciadas como tema central del argumento. Dicha idea desarrolla, precisamente, la relación de una pareja despareja (hombre esquemático y rutinizado que se cruza con mujer soltera, nómade, liberal y embarazada) en un contexto neutro y compartido. Dicho cruce de perfiles registra un proceso donde se alterna humor y costumbrismo con razonable eficacia e, inclusive, hasta un buen ojo para la definición de otros caracteres (los amigotes del protagonista; un padre viudo el uruguayo Andrés Pazos y un desconcertado profesional protagonizado por el luthier Daniel Rabinovich).
Lamentablemente, el aceptable vuelo que inicialmente sugiere la película se viene a pique con alguna escena que empobrece (por no decir envilece) el conjunto sin posibilidad de retorno. Resulta curioso que la atendible inteligencia advertida en las generalidades de la propuesta no haya descartado una situación que pretende ser grotesca (la «ayudita» que la empleada doméstica otorga para que el personaje central pueda solucionar su problema de eyaculación precoz) pero termina siendo irremediablemente grosera, desubicada y hasta clasista. Es, por desgracia, un eslabón imperfecto que rompe la fresca insolencia del filme y desvirtúa la gracia que, eventualmente, venía logrando el director Taratuto hasta ese preciso instante. Es una lástima porque el largometraje impresionaba como una producción que se despegaba del pelotón pero que concluye desbarrancándose en una caída de brocha gorda bastante patética. Algo similar ocurría en «Borat», un desopilante ejercicio de docu-ficción que radiografiaba el patio trasero de los Estados Unidos y las diversas mentalidades conservadoras, reaccionarias y masificadas que reúne. En esa ocasión, la ocurrencia transgresora también devenía en probable ordinariez como aquí acontece. Es que, a veces, la línea divisoria entre lo cómico y lo trágico es muy fina. En este caso, el filme tampoco logra redondear el necesario equilibrio para evitar un relativo derrumbe. Que pena. *
¿Quién dice que es fácil? (Argentina; 2006) Dirigida por Juan Taratuto. Guión: Pablo Solarz. Producción: Hernan Masaluppi, Natacha Cervi, Luis Sartori y Juan Riva de Almada. Fotografía y Cámara: Marcelo Iaccarino. Edición: Pablo Barbieri. Sonido: Ismael Calvo Delgado. Música: Lucio Godoy. Con Diego Peretti y Carolina Peleretti, Laura Pamplona, Daniel Rabinovich, Andrés Pazos, Carlos Portaluppi, Lidia Catalano y Mónica Galán.
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