Hoy, el concierto del año
Se trata de uno de los más importantes directores europeos, especialista en Bach y creador de un estilo renovador para la ejecución de este músico, al punto de que algunos lo consideran «intérprete supremo de Bach».
Es la segunda vez en el año que escucharemos esta obra, que no es frecuente en nuestras salas por las dificultades que implica y el elenco que requiere. Cristina García Banegas la dirigió tres días seguidos en julio con el Coro De Profundis y la Orquesta Barroca del Mercosur, en una ejecución memorable.
Rilling, nacido en Stuttgart en 1933, fundó la Cantorale de Gäching en 1954, llamada así por una aldea suava en la que ofrecieron sus primeros recitales. En 1965 fundó la orquesta Bach-Collegium Stuttgart. Hoy acompañan a estas agrupaciones, como solistas, el tenor James Taylor, la contralto Brigit Remmer, la soprano Eva Oltiványi y el barítono Christian Gerhaher.
Pronto se destacaron sus grabaciones. A fines de los 70 había grabado esta Misa en Si Menor. Pero el mayor impulso fue a partir de 1985, cuando grabó la totalidad de las 259 las cantatas sagradas de Bach, para el sello Laudate, grabaciones que repitió recientemente para el sello Hänssler.
Su abordaje de Bach abandona la línea solemne y pesada con que se tocaba con un fuerte sentido del ritmo, aunque no sigue la corriente «historicista» que hace su mayor hincapié en el uso de los intrumentos de época.
Rilling ha grabado también obras de otros autores barrocos y románticos e, incluso, impulsó la escritura por varios autores contemporáneos de un Requiem de reconciliación con motivo del 50 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y de cuatro «pasiones» encargadas a cuatro de los mayores músicos del momento (la rusa Sofía Gubaidulina, el chino Tan Dun, el argentino Osvaldo Goijov y el alemán Wolfgang Rihm).
Bach, que era protestante, compuso esta misa católica durante 25 años, utilizando a veces fragmentos para otras obras, como era frecuente en la época, ya que las obras solían tener una única ejecución. Finalmente, ya viejo, la presentó a la corte de Polonia como una summa de lo que sabía hacer, en espera de obtener un cargo que nunca llegó.
Casi cada frase del breve texto, sobre todo del Gloria y el Credo, están tratadas de forma distinta y para un conjunto distinto. Hay pasajes en que mueve con soltura hasta ocho masas corales.
Hace unos días, Paco Sánchez escribió en «Brecha» que «los que la consideran una ofrenda a Dios no deberían sentirse perplejos ante la mezcla de lo casi mundano y lo deliberadamente arcaico, por la yuxtaposición de fugas de enorme técnica –en las que él era un maestro– y vivaces texturas de concierto, porque estén juntas la plegaria con la canción. Ni siquiera porque se trate de una compilación de música compuesta a lo largo de 25 años y frecuentemente para obras muy distintas».
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