ARTE

Tres opciones para ver

En Itinerario íntimo, libros realizados con telas cosidas y medios digitales, Gladys Afamado emprende un viaje autobiográfico hacia el pasado con talante poético innovador. Los libros de artistas son frecuentes en diversidad de períodos y lugares, pero en esta ocasión, las páginas están sueltas, adquieren volumen hasta convertirse en una suerte de escultura blanda, con protagonistas que nombran afectos íntimos, recuerdos que surgen dibujados con hilos de coser (una referencia a Barcala que en otra muestra puso en evidencia y aquí actúa con lejana resonancia al igual que las imágenes infantiles), incorporando sus propios grabados o fotografías guardadas. Recortadas y cosidas, estos curiosos collages, con la riqueza de las telas utilizadas así como las diferentes texturas, en vez de ahondar en los propios recovecos de su ayer, Afamado va exorcizando un mapa marcado por la femineidad (las muñecas, la costura, los bordados) y al mismo tiempo, a la manera de Rosemarie Trockel, incorporando elementos mecánicos, codificados como propios del varón, en el tratamiento digital y las tapas de madera. En esa veintena de libros Gladys Afamado captura, con deleitada parsimonia durante los dos últimos años, la doble faz de su actividad, la literatura y la plástica en una entrañable unidad evocadora. (Sala Carlos F. Sáez).

Fotógrafos de la modernidad

Las exposiciones de fotografía han vuelto. No ya en exclusividad de los centros especializados sino en ámbitos de mayor audiencia pública. El que el Centro Municipal de la Fotografía, de trayectoria sólida, ocupara una de las salas superiores del Cabildo para una de sus (excelentes) propuestas, fue un acierto.

Que el Museo Zorrilla, al parecer más abierto a otros emprendimientos, sea huésped temporario de A la luz de la modernidad, es positivo. La curadoría de las galerías del Paseo-Arte Contemporáneo y Galería Vasari, reúne fotógrafos típicos de una época (años cuarenta y cincuenta, en su mayoría) donde las poses del retratado eran deliciosamente amaneradas (a la manera de las estrellas de cine) o surcaban un preciosismo visual, apoyados en una iluminación de contrastes de blanco y negro, que acentuaban la profundidad a la manera del cine epocal.

Grete Stern (1904-1999), que actualmente despliega su talento en la muestra unipersonal del Mapi con otros temas, es una alemana formada en la Bauhaus, la histórica escuela de la experimentación total, que recaló en Argentina donde trabajó hasta edad avanzada, sólo interrumpida por la ceguera. En el terreno del fotomontaje ha tenido pocos rivales pero además fue una eminente retratista. Annemarie Heinrich es otra alemana radicada en Argentina hasta su muerte en 2005. Autodidacta, siguió las huellas de famosos maestros, incursionó por el teatro y el cine, con la misma agudeza formal de la época, haciendo de objetos de la vida diaria ( Bulbo en flor, 1941) un ensayo escenográfico. Anatole Saderman huyó de Rusia cuando se instaló la revolución bolchevique y luego de sucesivas estancias, recaló en Montevideo en 1926 para luego radicarse en Argentina, hasta su fallecimiento en 1993. En Las escalinatas de San Pedro, 1962, se acuerda del cine soviético y el poderoso enfoque visual. Thomas Farkas (1924, húngaro nacionalizado brasileño donde reside, se orientó hacia el cine documental con importantes trabajos. Sameer Makarius, de origen egipcio, se radicó primero en Hungría y luego en Argentina, participando en los movimientos de arte concreto. Por último, Bandi Binder, húngaro radicado en Argentina, trabajó muchos años como retratista en Punta del Este y también se dedicó a la fotografía experimental, enfocando desnudos y recreando alguna obra emblemática de Marcel Duchamp. Un conjunto significativo de la fotografía de emigrantes europeos por América del Sur.

La otra orilla

La abrumadora cartelera de importantes inauguraciones, opacó la tranquila, refinada muestra interactiva titulada La otra orilla, a cargo de Renée Pietrafesa y Carlos Musso, dos personalidades consagradas en los terreno de la música y las artes visuales. Un cruce de lenguajes de experimentados profesores en la construcción de una enorme oreja para ser recorrida en su laberinto auditivo con buen dominio del inmenso espacio, algo que no es de extrañar en ambos, habituados al escenario, con un piano de cola en el medio. El visitante recorre el laberinto y va escuchando diferentes sonidos, en sucesión temporal, a los que se puede agregar el golpear de cintas de metal. Cuando hay participaciones (escritores, músicos) el resultado debe ser muy estimulante. Tal como está, es una lograda propuesta visual-auditiva. (Centro MEC). *

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