Murió la cantante Dakota Staton
El pasado martes 10 falleció en un hospital de New York quien fuera una de las vocalistas estadounidenses más populares en las décadas del cincuenta y sesenta. Dakota Staton, cuya rutilante figura viajó por los escenarios del mundo derrochando simpatía y alegre vitalidad, nunca fue considerada como una destacada cantante de jazz, aunque su estilo bebió en las fuentes de grandes artistas como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Dinah Washington.
Había nacido en Pittsburgh, Pennsylvania, el 3 de junio de 1931. Dotada con una voz atractiva y bien timbrada, a los dieciséis años cantaba en escenarios de su ciudad natal y poco después debutó profesionalmente con la orquesta de Joe Wespray.
Actuó en Detroit, Cleveland, St.Louis, Minneapolis y otras localidades y realizó giras por ciudades canadienses. A los veintidós años fue descubierta por el empresario Dave Cavanaugh, quien la llevó a firmar contrato con el sello Capitol. Allí comenzó su carrera discográfica en noviembre de 1954 y al año siguiente la revista Down Beat la saludó como una de las jóvenes revelaciones del canto.
Dakota tuvo flirteos con el rhythm and blues, el gospel y el rock, y en varios de sus discos apareció acompañada por buenos músicos de jazz, como Harry Edison, Hank Jones, Jonah Jones, Lex Humphries y Sam Jones.
Una lista de sus mejores álbumes incluye In the Night, grabado en 1957 junto al famoso sexteto del pianista George Shearing, con Toots Thielemans en armónica, Al McKibbon en contrabajo, Armando Peraza en percusión, Emil Richards en vibráfono y Percy Brice en batería.
En Time to Swing, de 1959, está con Phil Woods, Budd Johnson y Kenny Burrell. En Live and Swinging, 1963, con Rudy Powell, Howard McGhee, Al Grey y otros. En I want a country man, 1973, la acompañan Joe Newman, Garnett Brown, Bill Watrous y Pepper Adams.
Discos como los mencionados le trajeron cierto apoyo de la comunidad jazzística, pero sus actuaciones en las dos últimas décadas del siglo pasado la llevaron netamente hacia el «pop music», donde ella se sentía mucho más cómoda y concitaba los mayores aplausos. Esa fue la razón por la que los libros y publicaciones especializadas en jazz dejaran de mencionarla. *
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