Filme de gran solidez narrativa y conceptual
Con una extensa y comprometida filmografía, que arranca en los estertores del free cinema, la personalidad de Loach revitalizo el realismo y lo encumbró a un sitial de privilegio en el panorama del cine inglés.
Se ha dicho que Loach maneja con mayor soltura y precisión los temas que atañen a la política de su tierra. Esta formidable película titulada «El viento que acaricia el prado» lo demuestra con creces si exceptuamos «Tierra y Libertad», sobre las luchas internas en la Guerra Civil española y que recibió el premio de la crítica en Cannes.
Aquí le hinca el diente a un tema polémico y complejo que ha tenido derivaciones hasta nuestros días, la independencia de Irlanda del yugo británico.
En 1920, el líder histórico Michael Collins, luego de una cruenta y salvaje guerra fratricida, logró un armisticio que no convenció al sector más duro de los separatistas respaldados por el IRA.
Como si se tratara de un juego pendular el filme se abre con escenas terribles y desgarradoras que muestran cómo actúa en la represión el ejército invasor. Hay casas quemadas, torturas, humillaciones , que nos remiten a otras guerras de saqueo y ocupación. Se cierra con los guerrilleros enfrentados por discrepancias políticas con el proceso de paz. Las rivalidades desencadenan escenas violentas y ajusticiamientos personales.
El filme posee la solidez narrativa y conceptual del mejor cine de Loach y de su talentoso y habitual guionista, Paul Laverty. Tanto para reflejar la toma de conciencia, el compromiso y la rebeldía de un pueblo, como para brindar al espectador desinformado un agudo y coherente análisis político, es una lección de gran cine, con un manejo formal que hace alarde de tensionar al espectador hasta el final.
Sin lugar a dudas, uno de los títulos del año. *
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