ARTE

70 años de la destrucción de Guernika y la creación de Guernica

Guernika y Guernica. Realidad y ficción. Destrucción física y deconstrucción plástica. Bombardeo a un pueblo indefenso y ataque a los códigos de representación visual heredados del renacimiento. El llanto de una comunidad y el drama expresivo de un genio. En ambos casos, el sonido y la furia ante el holocausto. La gesta desesperada de hombres en lucha por la libertad y el gesto creador del artista que ecumeniza, en poderoso símbolo, la tragedia.

 

Masacre alemana

El 26 de abril de 1937 era un día soleado, de primavera boreal, un lunes de mercado popular en Guernika. A las primeras horas de la tarde, la gente emprendía el regreso a casa. De repente, a las 15.45, un avión atravesó el límpido cielo. Momentos de inquietud, de zozobra. Era la avanzada de una escuadrilla alemana integrada por 45 Heinkel 111, Junker 52 y cazas Messerchmitt, integrantes de la Legión Cóndor que, desde el aire, cubría los movimientos de las tropas franquistas sublevadas contra el gobierno democrático de la República Española. Cargados de bombas incendiarias y explosivas, durante tres horas y media, a intervalos de veinte minutos, el accionar de las palancas de las bombas, combinado con el fuego de las ametralladoras, redujeron a escombros el santuario vascuense. Por uno de esos caprichos del destino, quedaron intactos el legendario roble, la Casa de las Juntas y el puente de Rentaría que, al parecer, era el único punto estratégico de un poblado abierto. El número de muertos osciló entre dos mil, doscientos o veinte, según fuera el parte de uno u otro bando. La misma cifra se manejó para los heridos.

Hubo otros antecedentes de inocentes exterminados: los armenios por los turcos, varias colonias africanas, en cantidades superiores. E incluso allí cerca, en las trincheras de Elgueta o en el ataque aéreo a Durango. Pero la destrucción de Guernika pareció resumir y simbolizar todas las anteriores. Al destruir la vieja tradición vasca, los nazis habían escogido bien su objetivo. Y los nuevos medios de comunicación (radio, noticiero cinematográfico, fotografías en primera plana de diarios) fueron instrumentos fundamentales para sensibilizara la opinión pública mundial. Después se supo que en Guernika se hizo el ensayo de la Segunda Guerra Mundial. Un «horror experimental», escribió Winston Churchill.

 

Picasso en París

Pablo Picasso tenía 55 años y gozaba de fama internacional. Atravesaba un período conflictivo en su vida. Separado de Olga Koklova, su esposa legítima, mantenía relaciones con la adolescente Marie-Thèrèse Walter, con la cual tuvo la hija Maia, y ya entraba en su horizonte afectivo Dora Maar, la fotógrafa yugoslava, educada en Argentina. A las tensiones sentimentales se juntaban las procedentes del exterior para debilitar su producción artística. El irresistible ascenso del nazifascismo, la persecución a los judíos, la inestabilidad laboral en muchos países y, en especial, el drama de su patria repercutían con creciente angustia, siguiendo con atención el curso de la guerra fratricida, participando activamente en actos a favor de la república española.

Además, el gobierno central republicano lo había designado director del Museo del Prado, cargo más honorífico que efectivo, ya que Picasso se limitó a orientar, desde París, algunos operativos para salvaguardar el acervo de la famosa pinacoteca.

En enero de ese mismo año, Picasso recibió la propuesta de colaborar con una obra mural para el pabellón español de la Exposición Internacional que se inauguraría en París en junio. El encargo no sugería ningún tema específico. Hasta ese momento, Picasso no había encontrada la idea adecuada al compromiso asumido. Hasta que llegó la noticia del bombardeo de Guernika a través de la prensa francesa. El poeta Juan Larrea se encargó de dar la noticia a Picasso en el encuentro cotidiano del Café Flore. También le sugirió el tema.

 

Génesis de Guernica

Picasso realizó los primeros bocetos de Guernica el primero de mayo. Luego vinieron más, en un total de 45 estudios, mientras el lienzo de 3.49 x 7.80 metros esperaba en el taller de la calle Grandes Augustins. Guernica quedó terminado en 3 de junio y al otro día estaba colgado en la exposición Internacional. Fue pintado, pues, en 23 días. Picasso ejecutó siete etapas del cuadro, fotografiadas por Dora Maar que, junto con los bocetos, constituyen valiosísimo documento para seguir los meandros de la imaginación creadora, la metamorfosis de los signos, las mutaciones de la composición y los elementos representativos, el rechazo progresivo de la superfluo (el color y el collage al principio incorporados), hasta llegar a una gloriosa síntesis dramática de blancos, negros y grises azulados, con un ligero tono rosa-ocre, hoy desaparecido.

Por la manera de trabajar, Picasso continuó la tradición que siempre respetó para violarla mejor. En ese rectángulo enorme depositó sus emociones, su larga experiencia vital, sus conocimientos de historia del arte y las imágenes acumuladas. Hay muchos elementos que provienen del pasado: la elaboración a partir de estudios previos, la composición piramidal clásica, inscripta en un frontón ideal, dividida en un tríptico con una parte central y dos alas laterales, la iconografía cristiana (la Piedad, la Maternidad, el omnipresente ojo de Dios, la Crucifixión, el Infierno) distribuidos de una manera sutil o enmascarados en una iconografía desorientadora que apenas puede ser decodificada. Algo similar sucede con las alegorías (la justicia, la verdad, la esperanza) que se sobreponen a los anteriores obligando a una lectura alternativa y/o sobrepuesta. Lo contemporáneo está en el carácter autobiográfico (las cuatro figuras femeninas son semejantes a las cuatro mujeres que incidieron en su vida), la eliminación de un espacio homogéneos, la inexistencia de contrapunto entre fondo-figura, entre lo que está adentro y lo que está afuera, la ausencia de una linealidad visual y el vaciamiento orgánico a que somete a los nueve protagonistas del cuadro, en el sincretismo de corrientes estéticas (naturalismo, cubismo, expresionismo, surrealismo). Tampoco se atrincheró en la anécdota. No le importó describir episodios concretos como Rubens ( Los horrores de la guerra), Goya ( Los fusilamientos del 3 de mayo), Delacroix ( La matanza de Quios), Prodhon ( La Justicia y la venganza divina persiguiendo el crimen), Géricault ( La balsa de la Medusa) o los manuscritos del Beato de Liébana del siglo XI., a los cuales cita en la tela. Picasso era un devorador de formas ajenas. También de las propias: Sueño y mentira de Franco, La danza, Los tres músicos, La minotauromaquia, La crucifixión).

En Guernica Picasso asume las contradicciones del hombre y el mundo, encuentra los arquetipos en el laberinto de lo irracional/racional, se mueve entre pulsiones opuestas (Eros/ Tanatos), da algunas claves, sugiere un código de lecturas pero de inmediato parece afirmar lo contrario, la ambigüedad, la polivalencia del signo. Guernica, la última obra maestra del siglo XX, sacude con su violenta, salvaje hermosura aún a los más distraídos, para recordarles la brutalidad no de un hecho local y localizable sino la acusación, sin nombre y sin fecha de la brutalidad de los hombres. (El miércoles a las 18.00 horas, en el curso Picasso la mirada del siglo XX, en el Museo Nacional de Artes Visuales, se proyectará el filme Guernica, seguido de un detenido análisis). *

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