Dos revistas uruguayas
Resulta sumamente curioso él casi unánime silencio de los medios (en especial los semanarios culturales) acerca de la aparición de dos revistas uruguayas, hecho no habitual y que merecería, por lo menos, una mención o un destaque. El único vínculo entre ambas revistas es el diseñador gráfico, Fernando Alvarez Cozzi, aunque no lo parezca.
Maldoror. Revista de la ciudad de Montevideo, tiene una larga e irregular trayectoria. Ahora, con la publicación de los números 24 (mayo de 2006) y 25 (noviembre de 2006), el director y redactor responsable Carlos Pellegrino (Lisa Block de Behar y Miguel A. Campodónico forman parte del Consejo Editor), parece asegurar una periodicidad semestral. En su nuevo formato de 150 páginas, en las excelencias de diagramación, la calidad de los textos, siempre atractivos y oportunos, no muy extensos, legibles y sugestivos, provienen de colaboradores de diversos países (Brasil, Francia, Alemania, Argentina, Estados Unidos) entre los que se destacan notabilidades de la literatura y del pensamiento actual (el ascendente Jacques Rancière), François Caradec, Rodolphe Gasché, Tamara Kamenszain, Héctor Libertella-coordinador en Argentina, Manuel da Costa Pinto y Nelson Ascher, coordinadores en Brasil, que alternan con los uruguayos Cristina Peri Rossi, Eduardo Milán, Miguel Angel Campodónico y el rescate de textos de Arturo Despouey, Armonía Somers, entre otros, para el número 24, con ilustraciones de Nelson Ramos, en homenaje póstumo.
El número siguiente, 25, mantiene su alto nivel de calidad gráfica (esta vez ilustrada por Antonio Frasconi) y de colaboradores renovados (el incisivo Alfons Knauth, el notable Eugenio Barba, el hoy polémico Sergio Di Nucci, Noemí Ulla, Raymond Bellour, Clemente Padín, Amanda Berenguer, Fanny del Río, Alvaro Risso), indicativos de una amplitud de criterios, firmas no habituales en las publicaciones nacionales.
Lo atractivo, además de la hermosura visual de cada número, son los temas (siempre hay constantes referencias a Isidore Ducasse y a Duchamp, para mantener el escondido hilo azul surrealista que justifica su nombre) y sus enfoques que hacen de Maldoror, una revista de nivel internacional, propia de ciudades del primer mundo. Es imposible detenerse, incluso en los principales artículos, pero Maldoror es un lujo editorial, aquí y en cualquier parte, de indispensable y gratificante lectura.
Muy diferente es Dossier. Dirigida por Fernando Cattivelli, un empresario que consiguió «plasmar un sueño». La mayoría de los colaboradores provienen del periodismo y son firmas conocidas. Así siendo, la revista (bimensual, por suscripción, 96 páginas a todo color) trata de conciliar las referencias informativas y reseñas críticas, con artículos de talante histórico o de análisis más detenido. El intento de aunar ambos sectores no parece logrado. La vistosa impresión (demasiadas fotos de colores fuertes, con sobreimpresiones, la acercan a las revistas de «salas de espera» o de compañías aéreas) se hojea con indiferencia hacia notas ya conocidas en catálogos o referidas a un pasado caprichosamente evocado, sin tener en cuenta que su periodicidad debe apuntar a los espectáculos más recientes registrados en la memoria del lector o adelantarse a lo que vendrá. Desde la inefable superficialidad de Mercedes Vigil al agudo reportaje de Gustavo Laborde al ingeniero Dieste, antes de morir, en el número cero, del exagerado entusiasmo de Emma Sanguinetti por el escultor Pablo Atchugarry en un periplo sesgadamente contado o incursiones rememorativas (Juana de Ibarbourou, disputas teatrales del siglo XIX, el archivo del fotógrafo Caruso, la Casa de Comedias) en dosis concentradas en el mismo número 1 (marzo-abril 2007) que resulta agobiante, más pertinentes en una revista histórica.
Montevideo tiene una actividad cultural intensa no reflejada por ningún medio, ni siquiera en carteleras. Dossier debería recoger esa asignatura cultural pendiente y convertirse en el sismógrafo de esa dinámica variedad múltiple. Entonces sí, ocuparía el mencionado vacío del primer editorial, al parecer tan difícil de llenar. *
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