El llamado planetario
La fascinación del ser humano por los mitos y las leyendas ha sido siempre una estrategia para explicar fenómenos aparentemente incomprensibles o trascender a la ciencia y la razón.
Historias de tierras escondidas, reinos mágicos, continentes hundidos, civilizaciones ocultas o situadas más allá del alcance del hombre, alimentaron, desde siempre, a distintas mitologías y cosmogonías
En el decurso de la historia, muchos de esos mitos revelaron tener una base real, algún conocimiento o cálculo que los respaldaba, convirtiéndolos, a la luz de nuevas investigaciones, en realidad.
Los que gustan consumir historias fabulosas afirman que toda creencia posee un origen verídico, algún vínculo con la realidad. Desde las primeras narraciones orales, la fantasía y lo que está más allá de nuestra compresión o conocimiento, ha ocupado un sitial de privilegio en el folclore de los pueblos, al margen de su mera situación geográfica.
En los tiempos de la modernidad, con el nacimiento de la ciencia ficción, muchos de los viejos mitos encontraron un sustento racional. En otros casos, las hipótesis, devenidas en tesis, se construyeron en torno a testimonios.
Uno de estos mitos es el que refiere a la supuesta existencia de vida humana, animal y vegetal en el centro de la Tierra. Los habitantes de ese mundo paralelo serían una comunidad intraterrena, perfectamente organizada y, claro está, tecnológicamente más avanzada que nuestra civilización.
Obviamente, la mayoría de esas conjeturas abrevan de la literatura fantástica, particularmente de «Viaje al centro de la Tierra», el clásico de Julio Verne.
«El llamado planetario», del argentino Marcelo Martorell, alias Eshael, nos plantea, como algo absolutamente irrefutable, la idea de una sociedad que vive oculta desde «la noche de los tiempos», justo en el centro del planeta.
Por su abordaje, este libro podría encuadrarse en el tan recurrente como taquillero género de autoayuda o crecimiento espiritual.
Si bien presentan algunas diferencias que discurren entre lo psicológico o lo religioso, estas obras poseen una estructura similar que siempre las identifica.
«El llamado planetario», como es harto habitual, está escrito por alguien que dice haber tenido una revelación o el acceso a una verdad extraterrena y/o metafísica, que le llegó de una forma misteriosa pero irrefutable.
Siempre, como en este caso, existe un maestro espiritual, alguien al cual el autor considera una especie de semidiós y que se arroga la cualidad de ser portador, profeta o predicador de un mensaje proveniente de una entidad superior.
El viaje iniciático, tanto interno como externo, se repite invariablemente, así como también el cúmulo de «pruebas»: libros antiguos, mapas medievales y testimonios de quienes afirman haber sido testigos del fenómeno, que, en este caso, sería la civilización que habita en las entrañas del planeta.
Como no podía ser de otro modo, también se incorporan conceptos mitológicos, fragmentos de libros de ciencia ficción, metafísica, budismo zen, catolicismo e hinduismo, todo presentado con una altisonante terminología enrevesada y revestida de una presunta trascendencia.
Con todos esos elementos y algunos más, se conforma «El llamado planetario», una obra de autoayuda o de pretendida auto revelación de carácter místico.
Este trabajo (de algún modo hay que calificarlo) aporta información presuntamente relevante, que, en verdad, es un cúmulo de meras especulaciones sin mayor sustento racional, destinado a seguir anestesiando las conciencias de lo ilusos. *
(Ediciones Helios)
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