LIBROS

Diálogos entre Borges y Sábato

En «Diálogos entre Borges y Sábato», el autor Orlando Barone compila las fermentales reflexiones, consensos y disensos de dos referentes intelectuales argentinos, cuyo prestigio trascendió fronteras geográficas.

Este libro, que fue reeditado en siete oportunidades, tuvo su publicación inaugural en setiembre de 1976, pocos meses después de golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional argentino y devino en la instalación de una de las dictaduras más sangrientas y represivas de la región.

Tras la restauración democrática, Ernesto Sábato presidió la Comisión Nacional sobre los Desaparecidos de Personas, fruto de lo cual se elaboró el contundente documento «Nunca más», conocido precisamente como «El informe Sábato».

En el prólogo de esta obra profundamente reflexiva, el autor explica minuciosamente el proceso de preparación de los encuentros entre los paradigmáticos escritores, que siempre estuvieron separados por irreconciliables antagonismos pero unidos por una pasión común: la literatura.

A través de siete coloquios, que transcurrieron entre diciembre de 1974 y marzo de 1975, Borges y Sábato intercambiaron saberes y opiniones en torno a la literatura y la filosofía en toda su dimensión y vastedad.

Aunque previamente Orlando Barone acordó con ambos que la política estuviera ausente de la agenda, el diálogo igualmente se deslizó, casi involuntariamente, a un acalorado debate acerca de los temas más cruciales del pensamiento contemporáneo.

En un clima cordial pero no exento de esporádicos momentos de rispidez, los dos intelectuales sostuvieron sus respectivos discursos en torno al indudable compromiso del arte con la realidad y la historia.

Una de las obras literarias que generó un más intenso debate de sesgo crítico es el «Martín Fierro», cuya intrínseca relación con nuestra identidad la ha transformado en un clásico.

Mientras Sábato considera que el personaje de la historia es un antisistémico paradigma de la rebeldía, Borges lo califica de «desertor» e individuo sin arraigo ni compromiso.

Deliberadamente, el autor y compilador genera una discusión en torno a la existencia o no de Dios, un tema de indudable dimensión filosófica que siempre ha alimentado irreconciliables antagonismos entre la razón y la fe.

También en este crucial núcleo de controversia afloran fuertes discrepancias, que encuentran a ambos escritores enfrentados y firmes en sus más arraigadas convicciones.

Al conocido ateísmo de Borges, que califica despectivamente a la divinidad como «la mejor creación de la literatura fantástica», se confronta el sentido crítico y bastante más agnóstico de Ernesto Sábato, quien obviamente no sostiene una tesis absoluta pero sí más abierta y reflexiva sobre el particular.

La habitualmente radical diferencia entre la génesis literaria y el objeto creativo origina también coincidencias y desencuentros entre los descollantes escritores.

Uno de los territorios de intercambio de ideas es la producción de los enciclopedistas franceses, la teoría revolucionaria y la inevitable confrontación ideológica.

En otro extenso coloquio que Orlando Barone registra minuciosamente, Borges y Sábato coinciden en la diferencia de lenguajes entre el cine y la literatura.

Sobre este particular, ambos acuerdan que el texto debería ser apenas la matriz inspiradora de la obra cinematográfica y no una mera versión adaptada y clonada de la palabra escrita.

La diversidad de las construcciones literarias deviene también en un análisis conjunto de géneros. En ese contexto, los dos abordan diversos enfoques sobre las diversas estéticas de la novela y el cuento, aunque coinciden en que la creación debería asumir siempre una dimensión poética.

El abordaje vinculado a la masividad de la literatura genera nuevos matices y coincidencias. De algún modo, ambos comparten la necesidad de modificar los criterios de la enseñanza de las letras, comenzando por los contemporáneos y evolucionando hacia los clásicos.

Esa estrategia pedagógica permitiría, eventualmente, que los jóvenes se formen inicialmente en la lectura de los autores que manejan códigos y situaciones conocidas.

Ese proceso de maduración les permitiría luego valorar e interpretar a los clásicos, cuyo conocimiento es indispensable para su formación intelectual.

Una de las charlas sin dudas más fermentales y significativas gira en torno al origen del arte, desde las expresiones humanas primigenias hasta los lenguajes y estéticas contemporáneas.

Obviamente, el tema, que transita los territorios de la filosofía y la evolución de las civilizaciones, no se agota en la mera discusión circunstancial y las miradas subjetivas de los paradigmáticos escritores.

Desafiando los planes del autor y compilador, Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato se enzarzan recurrentemente en discusiones religiosas, siempre amplificadas por la pasión y la vasta cultura de los exponentes.

Borges ironiza y hasta banaliza a los creyentes, mientras su colega mantiene una postura crítica sobre el dogma de fe, que igualmente revela respeto por todas las doctrinas.

Motivados por Orlando Barone, ambos intelectuales aceptan hablar de sí mismos y de sus propias y más entrañables vivencias.

Ese ejercicio de memoria los conduce inexorablemente a sus respectivas infancias de claustros y soledades.

Afloran, entonces, las reflexiones sobre la prematura convivencia con la lectura y la cultura de los adultos, que en el caso de Borges, asumió dimensiones dramáticas.

En tal sentido, el autor de «El aleph» afirma categóricamente: «cuando empecé a ver, ya empecé a dejar de ver», en clara y amarga alusión a su ceguera, que le privó de la percepción sensorial de un mundo que para él siempre constituyó una primordial materia prima de creación literaria.

Con claras alusiones históricas y hasta sociológicas, Borges y Sábato elucubran en torno a la crítica y al sentido crítico, acordando que esa cualidad que identifica a los argentinos y a todos los rioplatenses, es una herencia de la antigua Grecia.

Este tema, que es intrínseco a las paradojas y controversias, introduce en el coloquio un asunto tan o más polémico y problemático: los criterios de otorgamiento del Premio Nóbel de Literatura.

Esta distinción internacional, que es el máximo galardón que se concede al talento literario, siempre fue esquiva a Jorge Luis Borges, lo que generó acaloradas controversias.

Sin embargo, aunque manifiesta que le hubiera gustado ser reconocido con el preciado lauro, el escritor no parece demasiado preocupado por la omisión.

Otros tres temas que ocupan el centro de estos encuentros son el sueño, la locura y el suicidio, tópicos que, en cierta medida, están conceptualmente relacionados entre sí.

No en vano el sueño (o el ensueño) ha sido considerado por ciertos pensadores como una suerte de muerte transitoria, fantasía o mera alucinación, que construye involuntariamente áridos o placenteros territorios imaginarios sin tiempo ni espacio.

En esta situación, en la que los signos biológicos vitales parecen adormecidos y la conciencia está en reposo, las emociones mantienen, empero, toda su extrema lucidez.

El suicidio, que casi siempre es la inexorable consecuencia de la angustia, origina también un fluido intercambio de ideas entre Borges y Sábato, quienes procuran interpretar las diversas motivaciones que rodean a esa extraña compulsión autodestructiva.

«Diálogos entre Borges y Sábato» es un libro de altísimo valor documental, que permite al lector acercarse a dos de los más importantes exponentes de la literatura latinoamericana y universal contemporánea.

Orlando Barone, quien asumió el arduo desafío de poner frente a frente a dos pesos pesados de la cultura, elabora un trabajo prolijo y minucioso, que registra las reflexiones e inflexiones de dos personalidades de fuertes y arraigadas convicciones.

En estos lúcidos coloquios que transcurrieron durante cuatro veraniegos meses, Borges y Sábato confirmaron algunas de sus más conocidas discrepancias, aunque coincidieron en temas cruciales vinculados a su quehacer literario.

La erudición de ambos ilumina un debate de estatura mayor, en torno a la realidad, los sueños, la idea de Dios, el amor, el arte de traducir, el tango, el teatro, el cine, la muerte y la locura, entre otros tópicos no menos trascendentes.

Esta fermental obra permite reactivar una indispensable discusión, en torno al insoslayable papel de la cultura como partera de los grandes procesos de construcción intelectual. *

(Edición de Emecé)

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