Gerrit van Dijk llegó a Montevideo
Gerrit van Dijk, quien se encuentra en Montevideo en el marco del Vigésimo Quinto Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, es, sin dudas, uno de los artistas más notables de la actualidad. En la estrecha frontera entre la plástica y la animación, en una exploración estética y creativa en la que existen pocos antecedentes en cine, con la solitaria excepción de Norman McLaren, las películas del holandés van Dijk sorprenden al espectador y lo golpean al mismo tiempo como expresión estética y como propuesta conceptual.
Su vocación se despertó en los comienzos de la década del setenta, al ver las películas justamente de McLaren.
Antes, van Dijk, nacido en 1938 en una familia católica, había estudiado bellas artes, pero por algún tiempo luego de su graduación se dedicó solamente a la enseñanza. Lo que aprendió en la Academia de Tilburg no tenía mucho que ver con sus intereses, que sólo después de algunos años comienza a explorar proponiendo una obra personal en colaboración con otros artistas plásticos infrecuentes, en un proceso de integración de medios expresivos. Tempranamente su talento es reconocido pero es en ese momento que decide abandonar los trabajos plásticos estáticos. Ha descubierto a McLaren y la plástica en movimiento. Compró una cámara de doble 8 y desde 1971 se lanzó a explorar un mundo que confirmaría luego es potencialmente rico y vivaz.
Varias culminaciones a lo largo de los años lo muestran como un artista en evolución, que al comienzo se interesó por los temas sociales y políticos polémicos de los setenta y luego, liberado de las urgencias de comunicación y crítica social en particular a la manipulación de la publicidad sobre la sociedad, avanzó con mucha audacia en una creación personal.
Entre lo más relevante y sorprendente deben incluirse » Imagen congelada», donde diversas pinturas del Museo Frans Hals son animadas libre e irrespetuosamente, en una obra nueva que no deja de ser la del autor y a la vez son es muy personal de van Dijk. Otra culminación, «I move, so I am», es un desafiante juego visual donde el artista anima a una mano, que a su vez anima a un hombre que es el artista, que anima otras manos, y cada una de las imágenes o figuras tiene total y plena libertad de moverse y de existir. En estas dos películas hay además una idea, la de la libertad estética y conceptual, en cuanto todo es posible, como lo sería menos si no existieran el movimiento y el tiempo, que aporta el cine. Los últimos tramos de su obra se apoyan en estudios y reflexiones, la obra evoluciona, explora el collage, la combinación entre fotografía y dibujos, en una visión muy personal del arte pero especialmente del mundo. Lo que al principio era un peso mayor de un mensaje social, ahora es una percepción de la gente, la sociedad, el mundo.
Esta obra, infrecuente y sorprendente, ha sido reconocida en Leipzig, Oberhausen, Huesca y Utrecht, y llegó a obtener dos Oso de Oro en Berlín. Prácticamente ha utilizado todas las ténicas bidimensionales en su obra: papel celuloide, «cut out», rotoscopio, pixelazo, acción real y animación. En algún caso, «A good turn saily», emplea en un mismo film diversos métodos. En cada caso su elección depende de las necesidades de expresión. Estas formas y estos contenidos explican los reconocimientos que ha obtenido a lo largo y ancho del mundo. *
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