"LA FAMILIA CON ILIANA HACE SONAR LA CAMPANA", CON ILIANA CALABRO

Huecos sonoros en el teatro Metro

La reapertura del Cine Metro como teatro y el ruido que se hizo a su alrededor con «entrevistas», que son publicidad gratuita, en las páginas culturales, anuncios y avisos, frases huecas como «una sala más ganada para el teatro», nos hizo recordar a la abuela de «El camino del tabaco» y su cocina, cálida pero estéril. El problema del teatro uruguayo no es que falten salas. Sobran salas: no faltaron para «El ornitorrinco», para «Fanáticos» o para «Los hermanos Massilotti». Lo que falta es algo que valga la pena poner al fuego. Iliana Calabró y su «La familia con Iliana hace sonar la campana» tampoco merece el calor de ningún escenario.

Calabró, de opaca existencia como vedette, adquirió notoriedad en un programa de televisión, «Cantando por un sueño», que brinda la posibilidad de ser notorio por algunos minutos. Calabró lo fue, aunque canta mal (y lo confiesa); ahora convierte su notoriedad en dinero. Nos adelantamos a decir que la pieza fue un éxito de público; también un éxito de aplausos y vítores, éxito previsible en el intenso cuchicheo de la platea antes de comenzar la obra. Hubo éxito de taquilla, pero no hubo obra: aparece Calabró de vedette, dice dos o tres palabras y le cede la derecha a un animador que cuenta chistes arcaicos, hace subir espectadores a las tablas, con los que gasta los diálogos de siempre, derrocha mal gusto. Ejemplo:

Animador (a espectador): ­¿De qué barrio sos?

Espectador: ­Del Buceo.

Animador: ¿Sos soltero o casado?

Espectador: ­Casado.

Animador: ­Jodete.

(Carcajadas y ovaciones).

Pero Calabró, o quien haya ideado la obra, se supera a sí misma cuando el Animador hace subir a dos hombres al escenario, los saca por el foro y los devuelve a escena vestidos de mujer. Todavía los hacen bailar. Ya habíamos visto la misma zoncera de mal gusto en «Boom Magic Glamour», hace apenas unos días, donde los hombres del público volvían para un concurso de belleza femenina. Debería el Ministerio de Educación y Cultura decretar una moratoria de diez años para este sobado recurso.

De todo este «espectáculo» extrajimos un tema de reflexión: la obsesión del teatro «cómico», «ligero» o de «revistas» con el travestismo y la homosexualidad masculina, con una insistencia ritual que sugiere el exorcismo. Con solo hablar de «trolos» el público estalla en carcajadas; también le resulta muy cómico al respetable ver hombres vestidos de mujer. Dime de qué te jactas y te diré de qué careces. Como los «machos», como las salas rescatadas para el teatro, hay, también aquí, algo que suena a hueco. *

 

LA FAMILIA CON ILIANA HACE SONAR LA CAMPANA, con Iliana Calabró, Waldo, Sebastián Almada, Fernando Ramírez, Mariela Rosso, Ricardito Rubio y Vanina Escudero, dirección general de Waldo. En el teatro Metro, San José 1211.

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