Richard Rogers recibió el premio Pritzker
Junto con su socio Renzo Piano, Richard Rogers es el autor de íconos como el Centro Georges Pompidou, la obra más emblemática de la modernidad en París, discutidísima al inaugurarse y hoy aceptada por la mayoría de los franceses.
Al contrario de los últimos premiados (el australiano Glenn Murcutt, el danés Jorn Utzon, el estadounidense Thom Mayne, la iraquiana Zaha Hadid, de fama más secreta) Richard Rogers, galardonado con el premio Pritzker 2007, posee una cierta difusión entre el público no especializado, pues además del Centro Pompidou, 1971-78, adquirió notoriedad por el edificio Lloyds de Londres, 1978-1986, y las terminales 5 del aeropuerto londinense de Heathrow y la 4 de Barajas, Madrid, 1999-2006, que sufrió hace poco un atentado de la ETA.
Creado en 1979 por los Pritzker, familia acaudalada de Chicago, propietaria de la cadena de hoteles Hyatt, el premio Pritzker alcanzó en pocos años una fama mundial similar a la del Nobel, con el cual a menudo se lo compara. Menos difundido por los medios de comunicación (cada vez más empeñados en la frivolidad) que los varios otorgados por la academia sueca (los más sonoros pertenecen a la literatura y a la paz) y sin el glamoroso espectáculo del Oscar, el premio Pritzker mantiene una respetable y respetada solidez entre los especialistas, al contrario de los citados, más discutibles y polémicos. Consiste en 100 mil dólares, un certificado oficial de citación y, desde 1987, una medalla de bronce con tres palabras grabadas de Vitrubio (solidez, comodidad, disfrute) que definen, según el ilustre tratadista romano del siglo I, la arquitectura. Es, también, un poderoso llamado de atención internacional hacia la personalidad distinguida, una ayuda inestimable para contratación de nuevas obras.
La mayoría de los premios son acaparados por la literatura (Cervantes, Príncipe de Asturias, Pulitzer, Goncourt, Booker, National Book, Strega, Georg-Büchner, Camoes) y en escasa medida cubren el espectro internacional asociándose, prudentemente, a un país o a un idioma.
Existen otros muchos premios de arquitectura, en general nacionales, como el de la Academia Real Británica de Arquitectura (RABA, en inglés), que suele desafiar el gusto conservador del príncipe Carlos. En cambio el premio Pritzker destaca la trayectoria de un arquitecto de cualquier parte del mundo y potencia la función esencial de la arquitectura en la vida de cada ser humano, aunque pocas veces el propio usuario lo advierta.
Por eso el Pritzker es uno de esos premios necesarios, oportunos. Al comenzar el mes de abril se difunde el fallo del jurado que en esta oportunidad recayó en Richard Rogers, un arquitecto que pasa, como sucede con los Nobel de literatura, de la esfera de los especialistas o de su entorno geográfico la consideración mundial.
Nacido en Florencia, Italia, en 1933, hijo de un médico y hermano de Ernesto Rogers arquitecto milanés famoso en la arquitectura del siglo XX, comenzó por edificar la casa paterna en 1968 y así firmaba uno de los primeros edificios precursores del high tech, el estilo que revolucionaría la arquitectura británica y en contra el gusto conservador del príncipe Carlos que culminaría con el Centro Pompidou, y su arquitectura desventrada, con las tuberías a la vista y pintadas de colores brillantes y los ascensores exteriores entubados, modificando el modelo museístico abierto a un público más amplio. Radicado en Londres, comenzó en 1995 una serie de charlas sobre arquitectura en la BBC y sus charlas quedaron registradas en el libro Ciudades para un mundo pequeño. Su popularidad lo convirtió en asesor de Tony Blair en temas de urbanismo.
Su propósito era cambiar Londres, eliminar los automóviles (una actitud que debieran imitar todas las ciudades y que más tarde o más temprano deberá ocurrir), convencido que el futuro tenía que ser sostenible y socialista. También aconseja al alcalde de Barcelona y sería bueno que el intendente Ricardo Erlich lo escuchara para solucionar los problemas del transporte y urbanismo montevideanos que la probada incapacidad uruguaya no sabe resolver.
En los cambiantes estilos de Rogers, de la revolucionaria época pop de los setenta, a la actual, su gusto tecnológico sobrevive, sus proyectos consideran a la arquitectura tanto como un problema urbanístico como una cuestión política y defiende una ciudad sostenible y compacta.
Rogers, de 73 años, recibirá el premio Pritzker 4 de junio en una ceremonia en el Banqueting House, de Londres, construido en 1619 por Indigo Jones. *
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