COMO SI STALLONE HUBIERA CALCADO EL GUION ORIGINAL, TODO VUELVE A REPETIRSE

Rocky Balboa: una historia que forma parte de la mitología cinematográfica

La clave del éxito tenía su razón de ser en un argumento que presentaba al mencionado boxeador en una etapa crítico-decadente de su existencia pero que recibía la oportunidad de su vida para redimirse: enfrentar al campeón del mundo en una suerte de pelea espectáculo que terminaba realizando con dignidad y entereza. La historia ya forma parte de la mitología cinematográfica y permitió una agotadora saga que terminó desgastando la chispa original en una sucesión de refrites que no hicieron otra cosa que apuntar a la taquilla buscando repetir el éxito.

Treinta años después, las cosas no han cambiado mucho y Stallone «inventa» la digna retirada de su criatura a través de otro encuentro boxístico con la estrella de turno aunque, en esta oportunidad, la instancia resulte mucho más inverosímil por no decir físicamente imposible.

De todas maneras, esto no parece preocupar demasiado al actor-director que plantea una pelea a quince rounds contra un adversario veinticinco años menor (que viene demoliendo a sus oponentes por nocaut), al que enfrenta luego de años de inactividad y pasando por un entrenamiento light que vuelve a incluir la carrera por la escalinata y el uso de la carne vacuna colgada de un gancho como sparring.

En situaciones como ésta, la frase de que «no hay nada nuevo bajo el sol» parece caer como anillo al dedo porque no sólo se reitera la anécdota en su conjunto sino que también reaparecen otros clisés (el cuñado cascarrabias y bonachón, una tierna mujer que sustituye a su esposa fallecida, el campeón infalible, entre otros etcéteras).

Por supuesto que lo previsible se cumple logrando que Balboa, de atender su restaurante y sacarse fotos con los clientes, vuelva a presentar feroz batalla después de mandarse un discurso en la Asociación de Box para que le renueven la licencia (un discurso digno de Cantinflas, por cierto).

Al final, Stallone (o Rocky) termina siendo una caricatura de sí mismo, una especie de cómico con rasgos que lo asemejan a Luis Sandrini y que contribuye a recrear, aunque sea en la ficción, la idea de un campeón blanco de los pesos pesados en los Estados Unidos de América, un título que desde hace mucho tiempo parece estar reservado para los afroamericanos.

Lo peor de todo, sin embargo, puede ser esa falta de originalidad, esa replicación casi matemática de cada secuencia con respecto al filme original que puede llegar a causar vergüenza ajena. Paso a paso, como si Stallone hubiera calcado el guión original, todo vuelve a repetirse aunque, en esta oportunidad, no creemos que le otorguen ninguna estatuilla. Pensar que en ese año de 1976 le escamoteó el triunfo de Mejor Película a Taxi Diver. De no creer. *

Rocky Balboa. (Estados Unidos; 2006). Escrita, producida, dirigida e interpretada por Sylverster Stallone. Producción ejecutiva: Charles Winkler, William Chartoff, David Winkler, Kevin King y Guy Reidel. Fotografía: Clark Mathis. Edición: Sean Alberston. Música: Bill Conti. Con Sylverster Stallone, Burt Young, Pedro Lovell, Geraldine Hughes, James Francis, Milo Ventimiglia y Antonio Tarver.

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