Héroe del cómic en la pantalla grande
En este sentido, «Ghost rider, el vengador fantasma» resulta un claro ejemplo de lo señalado a pesar del aparente éxito que ha tenido últimamente en la taquilla estadounidense. (Una taquilla que quizás haya sido sobredimensionada por preadolescentes con su correspondiente surtido de pop acaramelado y gaseosas en medio de la función).
El caso es que este justiciero espectral que se convierte, literalmente, en una calavera en llamas a bordo de una motocicleta se asemeja más a un tatuaje de los Hell angels antes que a un personaje que pueda ser relativamente digerido, incluso como distracción, a no ser que hubiera hecho su aparición en el territorio del dibujito animado.
De todos modos, los efectos especiales generan cierta parafernalia como para encandilar un público incauto pero, más allá de estos espejitos de colores que ya comienzan a agotar(se) un poco, apenas queda el recuerdo de un divagante delirio sobre demonios de ultratumba que son vencidos a cadenazos entre transformación y transformación experimentada por el muchachito de la película. Esto, sin embargo, no parece importarle demasiado a una industria que parece haber encontrado en Marvel Comics un filón que viene explotando desde hace rato con versiones de los X-Men; los Cuatro fantásticos, Hulk y el Hombre araña (probablemente la adaptación más digna de todas, con los reparos del caso). Tampoco parece importarle demasiado a Nicolas Cage fanático confeso del octavo arte, quien no ha dudado en aceptar un papel bastante ajeno a su trayectoria (si no tenemos en cuenta la acción de matiné que protagonizó en Con air) y del que no sale demasiado bien parado en su interpretación (?). En la anécdota, el intrépido motociclista Johnny Blaze (Cage) hace un trato con el diablo y se ve obligado a recuperar un legado de almas condenadas que otros espíritus satánicos desean. (El hecho de que estos seres malignos se hayan apoderado del fuego, el aire y el agua no resulta demasiado obstáculo para que la calavera motorizada les dé su lección mientras continúa enamorando a su noviecita de la juventud e incinera el asfalto por donde circula). En realidad, no parece haber mucho más para comentar con respecto a una producción de esta naturaleza; una suerte de cartoon ridículo que lucra con el consumidor cautivo de las revistas. Cabe señalar que el director Mark Steven ya había tentado suerte con otro personaje como Daredevil (Diabólico) sin mayores repercusiones. Pero en este caso, le fue peor. En caso de duda, más vale esperar la edición en DVD o comprar un número especial de Condorito. *
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