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Darno… la flor

Escrito por: ROGER RODRIGUEZ

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Son las 2.20 de la madrugada. Me acaban de llamar desde El Lobizón.

Murió Darno. Estaba internado en una casa de salud desde hace una semana, cuando falleció su compañera, Patricia. No tengo datos de dónde ni cuándo podremos despedirlo. Tengo la necesidad de expresar este dolor.

Las imágenes y recuerdos me acribillan. Su voz vuelve de las reuniones de casas de familia. Su canto llega desde las horas de rebeldía. Su ideología regresa firme y sin implosiones. Su timidez sonríe escondida por años detrás de lentes oscuros. Su solidaridad arropa las causas justas. Su frágil presencia de francés venido de Tacuarembó me explica su humanidad. Y escucho el latir de su corazón abierto a la vida y a la muerte, con las que durante tanto tiempo compartió silencios y murmullos. Hay una canción de muchacho que seguirá sonando y aquella voz dulce y modulada seguirá el suave compás de su propia mano para sembrar trigo bajo las lunas.

Son las 16.30. Acabamos de dejar a Darno escuchando a Bob Dylan en el Cementerio Central. No sé si el traje de su cuerpo será luego llevado a Tacuarembó. Siento que su esencia queda entre nosotros.

Los rostros conocidos que se saludaban en la funeraria de Barrios Amorín convocaron Sorocabanas, Amarcordes, Guambiódromos y Lobizones. Otros trajeron los tiempos de “Jaque” y “Posdata”, en los que trabajó.

Alguien recuerda “Ya perdí mi compañera, desatame de este enredo” como una profecía. Cada anécdota evoca una letra, cada mirada desgarra una canción. El cortejo inicia en aplausos y camina en silencio por Yaguarón hasta llegar al camposanto. Hasta el cielo derrama unas lágrimas gruesas. El ataúd fue llevado a pulso en la tristeza de sus melodías preferidas. Yamandú Palacios esboza su vida y menciona su “obvia condición de comunista”. Una bandera con hoz y martillo cubría el cajón. Alguien reivindica su anarquismo. Algunos llegan a discutir, como durante años ocurrió con roqueros, cantopopus, baladistas y otras sectas que tenían la necesidad de encasillarlo. Nacho Suaréz me dice que el Darno debería estar sonriendo por la polémica. Creo escucharlo:

“Recuérdame?/ la espina no / la flor, la flor / si es que hubo flor.”

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