EL MAXIMO TROVADOR URUGUAYO INGRESO AYER A LA INMORTALIDAD

Desconsolados: falleció Eduardo Darnauchans

Han pasado más de 36 años desde que “el Darno” comenzó a recorrer el camino de la canción popular. Tras triunfar en el festival de la canción de Tacuarembó, viajó a Montevideo para grabar en el sello Sondor. Es así que sus inicios pueden situarse en el ciclo Los conciertos de La Rosa, en el Teatro Stella D’Italia, debutando en Montevideo junto a Leo Antúnez y Opus Alfa. Darnauchans, quien se define como baladista o como ha dicho alguna vez, “un songwriter”, nació el 15 de noviembre de 1953 en Montevideo. Hasta los 17 años de edad vivió entre Minas de Corrales (Rivera) y Tacuarembó. En 1971 realizó su primer recital en Montevideo (Teatro Stella D’Italia) y al año siguiente, con 18 años de edad, grabó su primer fonograma ( Canción de muchacho).

Luego vendrían Las quemas (1975), Sansueña (1978-1979), Zurcidor (1981), Nieblas y neblinas (1985), El trigo de la luna (1989), Noches blancas (1991), grabado en vivo en el Teatro Solís, Dylan ­en cassette­ (1991) y ese mismo año la antología Sin perder el tiempo, en la que se reúnen veinte años de canciones. Luego vendrían otros discos de formidable hechura, Entre el micrófono y la penumbra (en vivo, 2001) y Canciones sefaradíes (en vivo, 2004), hasta llegar a su reciente El ángel azul editado en 2006 por el sello discográfico Ayuí.

En 1990 recibió el Premio Municipal de Música Edita por El trigo de la Luna.

También compuso música para obras de teatro, destacándose su trabajo en Antes de entrar dejen salir y Papá querido para el Teatro de la Comuna, bajo la dirección de Antonio Baldomir en el Teatro del Anglo.

En 1990 compuso la música del filme Color de tristecías, dirigido por Pablo Rodríguez y exhibido en Europa, Estados Unidos y Canadá. Ha cantado junto a Bob Dylan en el Cilindro Municipal y junto a Paul Simon en el Estadio Centenario.

En diciembre de 1993 la Editorial Arca editó Los espejos y los mitos, libro basado en un extenso reportaje por parte del periodista Tabaré Couto junto a un cancionero que recoge parte de su vasta trayectoria.

En diciembre de 1995 en el Teatro del Notariado la cantante Sylvia Meyer presentó el disco Darnauchans (un merecido homenaje), que contiene nuevas versiones de los clásicos de Darnauchans.

En su intensa trayectoria se presentó en los principales escenarios de la capital y el interior del país. Sus canciones figuran en múltiples antologías de la canción popular uruguaya tales como Canto Popular, Canciones del Asfalto, Los músicos de La República, Trovadores y Uruguay canta en Pueblo Ansina.

Canciones suyas son interpretadas por destacados artistas nacionales, como el dúo Larbanois/Carrero, Fernando Cabrera, Juan Peyrou y Ruben Olivera entre otros.

Ha musicalizado poemas o canciones de Washington Benavides, Víctor Cunha, Líber Falco, Eduardo Milán, Federico García Lorca, Nicolás Guillén, Porfirio Barba Jacob, Asunción Silva, Jorge Luis Borges, Antonio Machado, Raúl González Tuñón, Eduardo González Lanuza, Eduardo Bosco, Roque Vallejo, Jorge Manrique, Rubén Darío, Nicanor Parra, Manuel Bandeira, Humberto Megget, Pablo Neruda, César Vallejo, anónimos del siglo XV español y poemas propios.

Su perfil humanista le llevó a realizar cursos en Facultad de Medicina y en Facultad de Humanidades, en Montevideo y La Plata (Argentina). Adhirió al Frente Amplio desde su fundación y militó en el Partido Comunista del Uruguay.

Durante los oscuros años de la dictadura Darnauchans, como tantos otros, sufrió censuras y persecuciones. En su caso, se registró un episodio muy particular: le prohibieron cantar en diversos escenarios y sin embargo sus discos no fueron censurados.

Se trata de uno de los compositores decisivos de la música popular uruguaya, un artista que, consciente de la función del arte, ha apostado siempre a la sensibilización de sus auditores. Darnauchans es un individuo que ha elaborado sus canciones desde un lugar estrictamente poético. Sus historias, donde suele el cantautor convalidar su yo particular, son de una hechura por momentos desgarrante y siempre, siempre con el sello del refinamiento.

Ayer emprendió su último viaje, tal vez a Sansueña. Más de doscientas personas le acompañaron recorriendo a pie el trayecto entre la casa velatoria y el Cementerio Central. Allí, entre aplausos y los sones de una canción de su amado Bod Dylan y tras unas breves palabras de Yamandú Palacios, su féretro cubierto de flores y con la bandera roja de sus convicciones, fue depositado en la capilla central de la necrópolis a los pies de una cruz y de un monumento que reproduce a “La piedad” de Miguel Angel Buonarotti.

Queda en la memoria de quienes le conocieron personalmente, queda en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de verlo cantar.

Quedan sus canciones, sus grabaciones y su legado artístico y humano. *

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