Un adiós a Nelly Goitiño

Con la muerte, por leucemia y a los 82 años, de Nelly Goitiño, Uruguay pierde una constante animadora del mundo cultural. Su dinamismo, que parecía realizar el mito de la eterna juventud, la llevó, siempre con éxito, por los varios ámbitos del arte, el foro, la enseñanza, la administración pública y la política. Maestra, profesora de piano, abogada, edil y actualmente presidenta del Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica (Sodre), comenzó su carrera artística como actriz, donde tuvo sus mejores éxitos en Club de Teatro y en Teatro del Pueblo; en los últimos años se volcó decididamente a la dirección de teatro, con un gran éxito en «Kaspar» de Peter Handke (1986), a la que siguieron «Proceso por la sombra de un burro» de Dürrenmat (1988) y la ambiciosa «El castillo», adaptación de la novela de Kafka (1989). Sus títulos provienen de los teatros de vanguardia y experimentales, de la novedad contemporánea, de las piezas militantes, de las adaptaciones de obras de la mejor literatura. Así «El alma buena de Sechuan», de Brecht (1992), «Rinocerontes» de Ionesco, «Tres mujeres altas» de Edward Albee, «Agatha» de Marguerite Duras, «Mujeres» de Luis Masci, «En la casa de campo» de Stanislas Witkiewitz, «El hermano olvidado» de Ariel Mastandrea, «Momentos con Emily» de Milton Schinca, «Tres hermanas» de Anton Chejov, «Almuerzo en casa de Ludwig W.», de Thomas Bernhard y «Toque de queda» de Carlos Gorostiza. Nelly Goitiño había sido distinguida con el premio Morosoli en 2001 e integraba la Academia Nacional de Letras.

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