SECRETOS CASI INCONFESABLES DEL ESPECTADOR AUTOCTONO

Criterios a la hora de elegir qué filme ver

ace tiempo, por ejemplo, un estudio realizado por Research Uruguay para una universidad privada capitalina concluyó que «el mayor vehículo de difusión para la producción audiovisual nacional de largometrajes ha sido la televisión», logrando ­además­ «un alto nivel de recordación». El estudio que, en este caso, se restringía a las realizaciones autóctonas, puede proyectarse a todo tipo de filmografía y concede a la «caja boba» mayor capacidad de impacto que los circuitos cinematográficos en su proyección de películas (y a pesar de las tandas).

En este sentido, el trabajo señalaba que casi un 70% del público televisivo recordaba haber visto muchos títulos; una platea que superaba ampliamente al espectador cinéfilo ya que más de la mitad de las personas encuestadas confesaban no haber ido al cine durante el último año. Las causas de esta deserción ­que también se investigaban­ estaban relacionadas con obvias razones económicas aunque aparecían otras explicaciones vinculadas al poco tiempo disponible, problemas de salud y/o edad avanzada. Lo cierto es que hasta los propios entusiastas del celuloide medían bastante sus visitas cinematográficas, aprovechaban promociones especiales y focalizaban las salidas casi exclusivamente durante los fines de semana (aunque buena parte de los que respondían a la encuesta aseguraban elegir el día para ir al cine en función del costo de la entrada).

Todo lo señalado no debe descartar, desde luego, las otras opciones audiovisuales referidas al VHS, cable, DVD y, sin lugar a dudas, las copias piratas, que no aparecían reflejadas en la mencionada investigación pero que, obviamente, inciden en el tema tratado. (Esto último ya resulta una competencia insoslayable que no parece tener nivel de contención a pesar de los esfuerzos de las grandes empresas y la labor de la Policía).

Otro dato interesante que surgía del estudio es el valor del «boca a boca» a la hora de elegir una película ya que la inmensa mayoría señalaba no tomar en cuenta la opinión de la crítica cinematográfica (en realidad tampoco compraba diarios ni revistas ya que los críticos más «reconocidos» son los que salen, precisamente, por televisión) sino que se dejaba llevar por la recomendación de un conocido. En un país donde el periodismo cultural ha tenido picos de excelencia, tal revelación puede hacer rasgar las vestiduras a más de uno.

Pero los números cantan una (¿cruda?) realidad que restringe bastante la asistencia al cine dentro de una franja etárea muy marcada (entre 18 y 29 años, mayoritariamente), directamente vinculada a un poder adquisitivo medio-alto y que muchas veces elige la película dependiendo únicamente de la sala en la que la exhiban. No estamos hablando de una selección cualitativa sino de una opción que hace al confort y, en buena medida, al simple y legítimo esparcimiento antes que al goce estético, la temática tratada, los contenidos o la trayectoria de un cineasta. Estoy tentado a terminar la nota diciendo: «Es lo que hay, valor». Pero no lo voy a hacer. Prefiero decir Rosebud y que pregunten. *

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