Escrito por: JORGE ARIAS

Por tanto, como se demuestra en la escena, toda clase de combinatoria es posible entre dos hombres (o tres) y una mujer; naturalmente, Humberto Robles (México, 1965) no es Sade y no se arriesga en lo más mínimo a las permutaciones, algunas imposibles, que el marqués indica en “La filosofía en el tocador”.
Nico (Alejandro Martínez) está un poco aburrido de su compañera de cinco años Ana (Laura Barboza), una estudiosa del ornitorrinco bajo la tuición de Mauricio (Alfredo Alvarez), y le propone convertirse en una “pareja abierta”. Los argumentos son conocidos: expandido panorama mental y vital, diversidad, experimentación, excitación de lo nuevo. Es de confesar que se ha soñado buen sexo con Madonna o Brad Pitt. Todo esto es pequeño burgués, rutinario, penoso, casi burocrático. A pesar de su tajante resistencia durante la pesada discusión que sigue, a la postre sucede que Nico fue convincente; Ana, trascartón, lleva a la cama a David (Ernesto Ruzich), íntimo amigo y de inmediato amante de Nico. Parecería que el autor (nacido en México, 1965) hubiera descubierto, en un rapto de iluminación o sonambulismo, que los árabes de los cuentos tienen un harén y aun que los occidentales practican lo que G. Lowes Dickinson llamó, a comienzos del siglo XX, la “poligamia de hecho”. Y no pudimos sino oír, una vez más, la machacona homilía sobre el respeto por la polifonía sexual. Querríamos firmar una declaración, ante escribano, en el sentido de que no se precisa más: Compañeros, ¡estamos convencidos! Si fuéramos muchos hiciéramos lo mismo, quizá podríamos lograr que no nos sermoneen más con la “diversidad sexual”. Luego de varias sesiones de desnudos y semidesnudos, reproches del montón, lugares comunes al por mayor en diálogos que se repiten ad nauseam, Nico se acopla con…no, no contaremos el final, pletórico de “diversidad sexual”, con más sorpresa que inventiva. Laura Barboza merece una comedia mejor. *
EL ORNITORRINCO, de Humberto Robles, con Alfredo Alvarez, Laura Barboza o Vanessa Castro, Alejandro Martínez y Ernesto Ruzich. Iluminación de Nicolás Ausserbauer, música de Jorge Fratta y Héctor Kotsifakis, vestuario de Jimena Reboredo, dirección de Daniel Torres y Humberto Robles.
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