La frívola y triste fascinación por la tele
La cuestión es lograr que una cámara le enfoque y entonces allí estar para decir cualquier cosa, importe o no. Estos días han sido un abuso, un descontrol, una reiteración de visiones que no fueron otra cosa que un oculto deseo de ser figurón en la televisión.
Tome por ejemplo el lamentable caso de Natalia Martínez, una joven asesinada que aún sigue moviendo la atención de los informadores. Creemos que el hecho fue enigmático, que mantuvo el suspenso y lo mantiene, para sufrimiento de una familia, pero no creemos que la cobertura de esa información haya sido la adecuada.
Cada día, desde la desaparición de la joven, los informes desde Piriapolis fueron iguales, sin incorporar algo nuevo más allá «del trabajo y esfuerzo» que toda la Policía hacía. Se volvió una letanía el ver y oír que todo estaba bajo una reserva absoluta que ocultaba cualquier avance, si es que lo hubo. Por lo tanto, tres o cuatro veces en cada informativo se veía y escuchaba al notero repetir las mismas cosas que había dicho uno, dos, tres, diez días antes y muchas veces con un uso del lenguaje muy discreto, por no decir pobre.
Allá los medios de comunicación si optan por el facilismo o «la nada» para ganar la atención, ya que siempre se prometía que en próximos bloques aclararían cosas que nunca aclararon. El morbo es buen generador de audiencia.
Pero más acá, en los últimos tiempos, se percibe un extraño gusto de los jueces actuantes por amontonar micrófonos en sus escritorios para luego no decir nada, para indicarle a los «periodistas» que se está en una etapa de presumario y que por lo tanto hay secreto sobre lo actuado. Así debe ser, debe mantenerse el secreto.
Pero más valdría que los magistrados indicaran que no deben aparecer en la tele diciendo eso, que su presencia no interesa como noticia si no hay nada que aportar. ¿Será que están buscando que la familia y los conocidos vean si están lindos o feos? La Suprema Corte de Justicia, pensamos, quizás apresuradamente, debería emitir una acordada estableciendo que la judicatura tiene sus reglas y una de ellas es que los jueces no son figuritas de informativos, y que el secreto debe mantenerse no sólo con declaraciones sino con acciones que demuestren que se trabaja para decidir y no para que los vean.
Otro caso que presupone una búsqueda de notoriedad es la preparación de informes con la participación de individuos que no tienen nada que ver con el caso pero que aparecen como protagonistas. Lo vimos el jueves en «Telemundo 12″, con el caso de los posibles envenenamientos por la pintura de los postes que hace UTE en Paso de los Toros. Allí el denunciante fue un fulano que nada tenía que ver, aparentemente un pescador, al que se le concedió el tiempo mayor para la crítica. Se sabe, desde hace mucho pero mucho tiempo, que la pintura de esos postes es venenosa. Tiene arsénico, entre otros ingredientes. Se sabe que ha habido muertes por distintos tipos de cáncer pero no hay una seguridad de relación entre la pintura y la enfermedad. La periodista quiso ganar su pulseada creando el miedo sobre ese peligroso trabajo, que cualquier funcionario de UTE conoce y para lo que se toman las medidas de seguridad debidas. Si alguien no las cumple, la culpa se traslada.
En el reporte, además, poco o nada se dejó decir a un alto funcionario del ente y menos aún a la médica del organismo que es especialista en el área laboral a la que se le podaron, sin piedad, las respuestas que contradecían lo afirmado por el pescador.
Que el riesgo existe, por supuesto. Pero busquemos empardar críticas y defensas.
La amargura no es buena para nadie. Esto nos traslada a otro campo, al de la publicidad.
Y cabe endulzarse la vida con ese comercial de la agencia «Cámara» sobre «Azucarlito». Todo es un trabajo cuyo objetivo es el emocional pero el creativo trabajó muy bien la historia. Una historia que toma cierto aire de buen cuento. El viejo cartero, Pedro, que en su pueblito escribía los mensajes y los llevaba de casa en casa, leyéndolos a los destinatarios. Vale destacarlo por esa apuesta al sentimiento, a la ternura. Porque la tristeza alguna vez debe ser vencida. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad