Días de doble piel y otros poemas
La poesía es uno de los lenguajes más antiguos del ser humano, destinado a plasmar emociones y memorias y emprender la indispensable búsqueda de identidades.
Originalmente unido a la música en la canción, este género se fue independizando y el formato propiamente musical fue sustituido por el lingüístico.
Las primeras composiciones poéticas estaban pensadas para ser cantadas. Este fenómeno ha motivado ciertas definiciones de poesía en las que se otorga un papel relevante a la métrica, soslayándose otras prácticas poéticas, como la basada en versículos (de la Biblia a Walt Whitman, Allen Ginsberg y Pablo Neruda, entre otros) o el verso libre, en las que importa más lo rítmico que lo estrictamente métrico.
En inscripciones jeroglíficas egipcias del 2600 a.C., se han encontrado lenguajes poéticos que hoy siguen resultando familiares. Se trata, evidentemente, de canciones -aunque sólo se ha conservado la letra y no la música- que abarcan géneros diversos como lamentos, odas, elegías e himnos.
Muchas de ellas tienen significación religiosa, rasgo que, además de acercarlas a la poesía de otros pueblos antiguos como sumerios, hititas, asirio-babilónicos y judíos, permite enunciar la hipótesis de que los orígenes de la poesía se encuentran en la expresión comunitaria.
En esta sociedad de sensibilidad cada vez más anestesiada, en la cual ciertos objetos materiales se elevan casi a la categoría de iconos posmodernos, la poesía, sin embargo, conserva intacta su cautivadora magia, su intimismo y su capacidad de oficiar de decodificadora del entramado emotivo y espiritual del ser humano.
La famosa máxima bíblica, que afirma que todo comenzó con la palabra, refiere a la capacidad creadora del lenguaje y del poder que subyace en lo dicho.
En «Días de doble piel y otros poemas», la escritura de la autora uruguaya Aura Mariam Legnani trasunta esa capacidad de hacer con la palabra y de fundar nuevos universos procurando recrear el propio.
El discurso lírico de la sensible poetisa compatriota, en cuanto pretendido testimonio de emociones, memorias y sensaciones, evidencia un vasto universo interior, pleno de llamativos matices.
En su primer obra édita, la autora le canta, principalmente, al erotismo, pero no como mero goce sensual, sino como disfrute pleno del espíritu elevado por el placer de la carne y viceversa.
La obra proclama un erotismo desbordante de alegría vital, que le permite a Aura Mariam Legnani bucear libremente en los territorios de la emoción.
Esta selección de textos puede leerse como un conjunto de composiciones aisladas o bien como un único corpus poético. Por otra parte, impresiona el vibrante manejo del lenguaje y el regocijo que trasmite cada poema, aún en medio de la más gris melancolía. A esas cualidades la autora adosa una superlativa dosis de frescura y madurez creativa.
A modo de confesión, la poetisa revela sus emociones sin subterfugios, valiéndose de un estilo franco e introspectivo.
El libro recupera la sencillez y la hondura de la poesía primigenia, muchas veces sacrificada por algunos autores en pos de la aplicación de recetas «vanguardistas» de dudoso arraigo poético, destinadas más a no desentonar que a generar verdaderas creaciones poéticas.
La autora juega inteligentemente con la sensualidad, bordeando lo explícito pero siempre conservando la identidad de su estilo. Ello le permite recobrar el significado de conocidos conceptos y metáforas, a los cuales confiere una nueva dimensión lírica. *
(Editorial Periodistas y Asociados Producciones)
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