Nobles perversos, mujeres inocentes
«Don Juan, la última mujer» ha sido concebida y creada a partir del escenario: al parecer se pensó primero en un recital de canto (Mozart) para Carlos Carzoglio, dividido en dos partes, una en cada patio y luego se añadieron y ensamblaron los fragmentos de Molière y Tirso de Molina.
Es una obra de aluvión, y los materiales son nobles; demás está decir que no hay una obra en el sentido de una nueva unidad o entidad en el mundo del arte y que el director Norberto Chozas se ha limitado a la indicación acertada de los movimientos en escena. Tal vez agregó, módico esfuerzo creador, el título. Pero la pregunta sin fondo de si Don Juan era femenino no está ni siquiera formulada.
Las actrices Victoria Cesperes y Florencia Zabaleta tienen escuela; aquí no tienen personajes.
Carlos Carzoglio, como todo cantante de ópera, tiene entrenamiento de actor; su Don Juan, vagamente siniestro y más claramente seductor, con un toque de Bela Lugosi, está razonablemente bien compuesto. El tema del seductor y el convidado de piedra daba para un trato más crítico, más al día de hoy, un balance de su historia y de la historia de sus epígonos; merece, aún, una recensión de las zonceras que se dijeron sobre él. La peor está a cargo, por supuesto, de Ortega y Gasset: «Don Juan, el problema más recóndito, más abstruso, más agudo de nuestro tiempo» («Tres ensayos sobre el amor», Salvat 1971 pag.13). *
DON JUAN LA ULTIMA MUJER, sobre textos de Molière, Tirso de Molina y Goldoni, con Carlos Carzoglio, Victoria Cesperes y Florencia Zabaleta. Música de Mozart y Tchaicovsky, dirección general de Norberto Chozas. En el Cabildo de Montevideo.
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