Escrito por: JORGE YULIANI

Impulsado por esta afirmación, y cuando faltaban diez minutos para la hora 22.00, Joan Manuel Serrat comenzó a cantar y contar sus historias, ese material sensible que, puesto en sus palabras, logra conmover incluso a las piedras.
El autor de “Mediterráneo” demostró nuevamente que es como un guerrero obstinado. A sus 63 años, renuente a colgar la espada, sabe que su voz aún vigorosa puede calmar mucha sed de canciones y seguir siendo una luz en el camino.
En esta nueva visita a Montevideo con su espectáculo “Serrat 100 x 100 + Mo”, Serrat despojado y mostrado en su esencia, logró una comunicación de ida y vuelta realmente admirable. Así, luego de “Hoy puede ser un gran día”, “De vez en cuando la vida” y “Mediterráneo”, dio paso a las nuevas canciones en lengua catalana. Explicaciones y traducciones no siempre necesarias fueron alternando los bellísimos poemas entre los que se destacaron “Si hagues nascut dona” y “Fugir de tu”. Luego, una tras otra, cantó sus más reconocidas canciones, esas que forman parte de la memoria colectiva, esas que le y nos acompañan desde siempre, logrando picos de intensa emotividad con “Aquellas pequeñas cosas”, “Penélope”, “Tu nombre me sabe a hierba” y “Fiesta”, entre otras.
Fue un recital intimista en el que con naturalidad se transmitieron sentimientos profundos que lograron emocionar a todos. Es que Serrat posee la magia, la calidad, el don de gentes y el carisma necesario para penetrar en las emociones más atávicas de sus auditores, tomándolos por asalto pero al mismo tiempo haciéndoles sentir que lo suyo es una caricia del alma.
El recital, organizado impecablemente por Música Nueva Producciones, se reiterará mañana en Paysandú.
El cantante junto a su amigo, arreglador y pianista Ricardo Miralles logró establecer un clima de calidez y simpatía pocas veces visto en este tipo de encuentros multitudinarios. Vale anotar que la propuesta es más apta para una pequeña sala que para un estadio como el Velódromo, en donde, por sus dimensiones, las quince mil personas que colmaron las instalaciones no pudieron ver, escuchar y disfrutar de la misma forma la propuesta de este artista superlativo.
Sin embargo, fue una fiesta de los sentidos y la emoción, en donde el humor tampoco estuvo ausente, sobre todo cuando las voces de muchas damas, maduras y también jóvenes, varias veces le gritaron “maestro, ídolo, te amo, soy tuya”, a un hombre que siempre ha sabido, con maestría, manejar la seducción.
Tras interpretar “Fiesta”, casi al final y cuando la ovación no cedía, Serrat se despidió del público, al que ya le había tributado varias canciones fuera de programa, con una última pincelada de gran arte cantando “Lucía”, la hermosísima canción: “la más bella historia de amor que tuve y tendré”.
Muy oportuna, porque, en definitiva, este concierto fue otro episodio de una historia de amor eterno y sin altibajos entre el artista y su público. Una historia que muestra una intensa relación afectiva de casi cuarenta años con afectos que se han ido multiplicando con el sucesivo paso de generaciones.
Un concierto de intimidad, un “recital de living” en donde textos profundos y cargados de afecto, junto nobles melodías sostenidas por armonías sencillas cumplieron su cometido: conmover a los auditores. Una verdadera fiesta. *
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