Don Quijote en Río Grande del Sur
Los lectores conocerán por nuestros comentarios tanto «La fuerza de la costumbre», como «Almuerzo en casa de Ludwig W.» y «Heldenplatz»; pero hay otras fuerzas que mueven a Luciano. Una de ellas, quizás la más profunda y raigal, lo lleva como por las anchas avenidas de la tragedia hacia la Orestíada; pero Luciano ha querido reconocer el terreno, aproximarse con cautela, rodear aquel epítome de la tragedia, y así tuvimos a «Antígona» de Sófocles y tendremos este año a «Medea» de Eurípides, con la expresiva actriz Sandra Dani, conocida de nuestro público, en el papel protagónico. Entre tanto Shakespeare ha concitado su atención, en particular con «Hamlet», como la Orestíada una obra de venganza y restauración de la figura paterna, puesta en escena que, según todos los anticipos, nuestro público conocerá en marzo, en ocasión del «Expreso Porto Alegre-Estación Montevideo» y que ya hemos comentado en estas páginas. Pero hay otra línea en la actividad de Luciano, que coincide con la anterior en una actitud que llamaríamos de piedad por el pasado y de tentativa de su reconstrucción con las escenificaciones de las obras de su amigo de toda una vida el escritor Caio Fernando Abreu. Es como si Luciano se empeñara en negar la muerte de Caio, víctima del sida, haciéndolo presente y reviviendo su palabra y su pensamiento en los escenarios. A comienzos de 2006 organizó una semana de evocación de Abreu, con cine, conferencias y la puesta en escena de «Morangos mofados» que ya había estrenado Luciano en 1982; también hubo una lectura escénica de «O homen e a Mancha», que reproducía una anterior de la Feira do Livro de Rio Grande (2005) y que al fin como obra de teatro se presentó dirigida por Luciano, a fines de 2006, en el teatro Alvaro Moreyra de Porto Alegre.
«O homen e a Mancha» fue escrita por Abreu, ya enfermo de muerte, en 1994, a pedido del actor paulista Carlos Moreno, que quería tomar distancia de sus campañas publicitarias en la televisión. Escrita la obra, en una demostración de modestia que sorprende, el autor se negó a interpretarla, afirmando públicamente que la obra estaba por encima de sus posibilidades de intérprete (un solo actor debe encarnar cuatro personajes, entre ellos a Don Quijote de la Mancha); y fue algo después que el director Luiz Arthur Nunes, con el actor Marcos Breda, estrenó la obra, que recorrió buena parte del Brasil.
La obra es tan compleja y sutil como su autor, que desarrolla y entrelaza varias historias paralelas, que surge una de otra, comenzando con un jubilado y siguiendo con un actor y con clara referencia al sida, que es también, en sentido literal y desdichadamente también en sentido figurado, una Mancha. En sus casi dos horas de duración, «O homen e a Mancha» recorre todo el registro, desde el humor y la ternura hasta la sombra de la tragedia; pero todo acontece con calor y alegría, con pasión y levedad, como si el mejor homenaje al autor fuera un entusiasta festival de iluminación, banda sonora (de Mapa, Lopes y el mismo Luciano) e interpretación.
En el papel protagónico, bien secundado por Casiano Ranzolin, brilló el actor riograndense Marcelo Adams, que en plena juventud tiene ya una extensa carrera como actor y director y que mostró una vez más su fuerza, su sutileza y su refinada técnica para la composición de los personajes.
Esta actuación valió a Adams, a quien veremos en su muy destacada interpretación del papel de Alertes en el «Hamlet» dirigido por Luciano, una nominación para los premios azorianos correspondientes al año 2006. La pieza fue nominada también para el premio a la dramaturgia y a la banda sonora. *
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