Diversas publicaciones de ambas orillas
Ya adultos, los estudiantes de institutos superiores (facultades de Arquitectura y Humanidades, IPA) carecen de formación visual, aunque están informados o formados en materias constructivas, históricas, literarias y estéticas. En Francia, Jack Lang propuso una modificación de la enseñanza a todos los niveles donde la formación artística se convirtiera en el núcleo central. No para formar artistas, sino sensibilidades abiertas a todos los lenguajes.
Menuda tarea, pues hay que empezar por capacitar a docentes, tarea ciclópea. La reforma de la enseñanza uruguaya, tan discutida y discutible, no toca el tema. Y sin embargo, es crucial, fundamental para la concepción de una persona integral e integrada a la sociedad y a sus múltiples requerimientos, siempre cambiantes.
En el campo editorial, los libros de arte para niños se abren, lentamente, paso. Algunos museos, paralelamente a las guías normales, agregan otra dedicada a chicos y adolescentes, una práctica llevada a cabo por el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Títulos inteligentes, traducidos al español (¡Mira, la luz del arte!, Gilliam Wolfe, En busca de Arte, Lane Smith, Gran libro de los retratos de animales, Svetlan Junakovic, El ABC del arte para niños, Amanda Renshaw y Gilda William Ruggi, y El enigma Vincent, de Thomas Brezina) proponen diversas maneras, algunas divertidas, de educar y entrenar la mirada infantil en el resbaladizo campo de la comprensión artística.
El arte al alcance de los niños
El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), publicó ¡Vamos a MALBA!, 15 obras de la Colección Costantini para chicos, título curioso que suprime el al por a. El excelente dibujante Rep (exhibió el año pasado en el Centro Cultural de España) es el elemento de articulación gráfica de los diferentes textos, desde la introducción, presentando a funcionarios y responsables de las distintas áreas del museo, entrevistas al director Eduardo F. Costantini y al curador jefe Marcelo Pacheco, quienes escriben pequeños comentarios.
La agilidad, la claridad y la brevedad de la escritura son encomiables. Pero lo más atractivo es el enfoque a las 15 pinturas de la colección Costantini, entre las que figuran tres de uruguayos: Rafael Barradas, Rhod Rothfuss y Joaquín Torres García.
La reproducción del cuadro a estudiar está acompañada en una franja inferior con los datos indispensables: título, año, técnica, medida, país de origen, en qué consiste (en un caso) el Universalismo Constructivo, contexto epocal del artista. Se observa la obra en detalle, destacando aspectos significativos, adiestrando el ojo en la enseñanza directa.
Se completa con una breve historia de Torres y sitios en Internet para saber más, técnica que los chicos dominan. El canon se aplica a una obra vibracionista de Barradas y a un cuadro madí de Rothfuss.
El espectro es amplio y la selección audaz, pues incluye a Diego Rivera, Xul Solar, Emilio Pettoruti, Tarsila do Amaral, Lygia Clark, Antonio Berni (el único con dos obras), Frida Kahlo, Wilfredo Lam, Jorge de la Vega, Nicolás García Uriburu y Pablo Suárez. Al final, los chicos dibujan su versión de lo que vieron en el propio museo. Pensado para niños, el libro servirá para que muchos adultos comprendan mejor esos cuadros. (Buenos Aires, 93 pp., 2005).
Tres pintores uruguayos
Muy distinto es el enfoque de Emma Sanguinetti Canessa. Ediciones Santillana publicó a fines del año pasado la tercera entrega de Pintores Uruguayos para niños.
Son monografías de 26 páginas sobre Barradas (2002, más dos ediciones en 2003 y 2006), Blanes (2005) y el reciente Figari (2006). A la manera de un cuento ilustrado de fotografías documentales y cuadros, Emma Sanguinetti Canessa (de acertada gestión cultural en la Fundación Buquebus y el proyecto para niños Puerto Contento, donde se dio a conocer, para luego ampliar su actividad a otros medios) traza una trayectoria histórica del artista y los principales aspectos de su obra, agregando una cronología y una página con un cuadro para recortar, pegar y armar. (En Blanes propuso el juego de las diferencias y en Barradas, recortar y pintar).
El lenguaje utilizado es accesible para niños aunque a veces se apoya en demasía en lo anecdótico y se extiende en detalles de nombres y fechas innecesarios, mientras omite la pertenencia de los cuadros (para saber dónde están) o, en el caso Barradas,, no hace referencias a las historietas e ilustraciones, justamente, para niños.
Publicaciones bienvenidas, por cierto, innovadoras en el medio local, con buena repercusión en el público como lo demuestran las sucesivas ediciones, aunque, al concentrarse en el propio texto, a los entretenimientos finales con las reproducciones, inadvertidamente, se soslaya el contacto directo (estimular la visita al museo), como proponen los autores del libro sobre el Malba, en un contexto experiencial, por cierto, diferente.
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