¡No me dejen Zoilo!, en Teatro El Galpón
En otros momentos Vidal cede a su facundia para el juego de palabras y los chistes, todos ellos muy bien ubicados como para desinflar la solemnidad que se atribuye, en casi todas las puestas en escena, al drama de Zoilo y sobre todo al personaje; solemnidad que, digamos de paso, es una sobreescritura del texto de Sánchez, que difícilmente perdona a los «pater familiae».
El resultado es muy divertido. En tanto sigue a Sánchez, Vidal es eficaz y demuestra haber comprendido muy bien de qué se trata, como ya lo hizo nada menos que con «Jamlet» sobre la pieza parónima de Shakespeare, y sin duda que un «Barranca abajo» dirigida por Vidal merecería suma atención. Pero cada tanto, «castigat ridendo mores», Vidal trae al piso a toda la acción; parece decirnos, con sabiduría y piedad, que no hay más tragedia que la que nosotros nos infligimos.
El autor se concede unos momentos de bravura al trasladar a Batará, que en el texto es poco más que un niño, a Vidal como cómico, en un juego de charadas en acción donde despliega sus considerables habilidades mímicas. Curiosamente, este injerto no perjudica la impresión de unidad que deja la obra, que no se percibe como una sucesión de chistes ni como una guirnalda de pullas adosada a un clásico; y efecto similar de irrealidad lo proveen los innumerables mates y termos que llegan, creemos que en número de diez, a las dos únicas mesas de la casa de Zoilo.
Definiríamos a «¡No me dejen Zoilo!» como «Barranca abajo» interpretada por el elenco estable del boliche «El resorte», del inolvidable Julio César Castro. *
¡NO ME DEJEN ZOILO! de Enrique Vidal, con Jorge Di Bello, Daniel Gorriti, Juan Gomero, Fabiana Marone, María Luisa Techera, Inés Ugarte y Enrique Vidal. Vestuario y ambientación de Cristina Cruzado, dirección de Enrique Vidal. En Teatro El Galpón, sala Cero.
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