El nuevo cine uruguayo desembarcó en Cuba
El mayor cine del Icaic, Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica, el Chaplin, sede principal de los Festivales del Cine Latinoamericano, alberga desde el lunes pasado una de las muestras más completas del cine uruguayo realizado desde 1994 hasta el presente. Las exhibiciones son parte del acontecimiento que como lo adelantó LA REPUBLICA en ediciones pasadas reunió en la inauguración más de setecientos espectadores, porque la muestra incluyó mesas redondas, el homenaje del Icaic a la Cinemateca Uruguaya, al cineasta Juan Pablo Rebella y a Manuel Martínez Carril de la Cinemateca, más una cobertura periodística de Tele Rebelde, encuentros en universidades, un coloquio con especialistas en el Centro Cultural del Icaic, y desde el 1º de febrero las películas iniciarán una gira por provincias, hecho infrecuente con muestras nacionales de cine.
Como expresaron algunos críticos cubanos, el nuevo cine uruguayo se había conocido hasta ahora con bastante desorden y nunca había sido objeto de una presentación que abarca prácticamente lo más valioso realizado en el país, desde «La historia casi verdadera de Pepita la pistolera» hasta «Whisky».
La Muestra del Nuevo Cine Uruguayo fue organizada por las cinematecas de ambos países, con el apoyo directo del Icaic y del INA y la participación activa de la Embajada de Uruguay en La Habana.
A las exhibiciones en el Chaplin se sumaron en la primera semana una función especial con los comienzos históricos de este cine joven, presentándose en copia nueva de «Pepita la pistolera», de Beatriz Flores Silva, y los «Cuentos de Don Verídico», de Walter Tournier. Los filmes que luego de «El dirigible» (exhibido en una copia recuperada) marcaron el desarrollo creativo del cine uruguayo se están exhibiendo ordenadamente: «Una forma de bailar», de Alvaro Buela, » 25 Watts», de Stoll y Rebella, «La espera», de Aldo Garay, » El viaje hacia el mar», de Guillermo Casanova, «En la puta vida», de Beatriz Flores Silva, «Aparte», de Mario Handler, más largometrajes documentales ( «Acratas», «Idea», «A las cinco en punto», «Por esos ojos», varios más) y otros largos de ficción y cortos memorables (de Walter Tournier) y también «Nico y Parker» (de Diego Fernández y Manuel Nieto), totalizando treinta y cuatro películas y los mejores largometrajes de doce años uruguayos.
La presentación de esta muestra fue un pequeño acontecimiento cultural. Desde los días previos, con una conferencia de prensa sorprendentemente muy concurrida, y un encuentro con los estudiantes uruguayos y latinoamericanos de la Elam, facultad de Medicina, donde » 25 Watts» fue la estrella, se empezó a hablar de un cine que hasta ahora había sido visto con interés pero sin entusiasmo.
En la conferencia de prensa, con una presentación con mucha información y secuencias comentadas de las películas uruguayas más valiosas, se discutieron las líneas creativas y los problemas económicos del nuevo cine uruguayo, anticipando una mesa redonda hace tres días de la que participaron críticos, especialistas, responsables de programación de la Cinemateca de Cuba y simples aficionados.
De pronto el cine uruguayo era algo más que un grupo de películas y se convertía en un centro de discusión sobre las dificultades y los peligros que enfrenta el cine del continente. Desde un punto de vista cultural amplio, ese grupo de filmes aporta un rostro y una manera de ser nuestras, desde la ironía muy montevideana de «Pepita», la visión de los más jóvenes por ellos mismos en «25 Watts», los treintañeros de Alvaro Buela para «Una forma de bailar», la mirada de «Whisky» sobre judíos muy uruguayos que sólo hay aquí y son diferentes a los del resto del mundo.
El protagonismo, de cinematográfico se convirtió en uruguayo.
En cierto modo las películas fueron una buena delegación del país, un hecho que el embajador uruguayo en Cuba, Jorge Mazzarovich, reconoció como uno de los aportes del Icaic al conocimiento del Uruguay.
En ese marco, las cinematecas de Cuba y la de Uruguay firmaron antes de la inauguración oficial un convenio de cooperación que es la confirmación de una historia de colaboración entre ambos archivos fílmicos. Con lo cual la cultura cinematográfica, la formación de espectadores y la crítica ocuparon también un espacio de discusión en la atención pública.
La operación cultural y el esfuerzo, con mínimos e insuficientes recursos económicos, de la representación diplomática uruguaya hizo que en la inauguración, entre personalidades de la cultura y del cine cubano y autoridades del Icaic, estuvieran presentes el viceministro de Cultura de Cuba y el embajador de la República Argentina el día previo a que se definiera el tema de Uruguay y Argentina en La Haya, embajadores de varios países y de la Unión Europea. No siempre ocurre, pero el cine uruguayo lo consiguió esta semana.
Hasta el miércoles 31 la muestra sigue en La Habana, y desde el 1º de febrero y durante dos meses, los filmes recorrerán las provincias llevando una imagen propia y creativamente inteligente. El cine es también embajador.
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