Una personalidad sin dobleces aquilatada en alegrías y dolores, en decepciones y logros
Estramín es uno de esos seres humanos entrañables cuya producción artística está indisoublemente ligada a su modo de ser.
Una personalidad aquilatada en alegrías y dolores, en decepciones y logros, es su mayor carta de triunfo en su tránsito por la vida. A la calidad artística suma entonces una coherencia humana sin dobleces. Eso, vaya logro, es la mayor recompensa que cualquier artista puede cosechar, aún en estos difíciles momentos en que se encuentra.
Centenares de personas desfilaron durante los dos últimos días por el sanatorio Juan Pablo II del Círculo Católico del Uruguay en donde se encontraba internado Pablo Estramín, quien en la tarde de ayer fue trasladado hacia el Hospital de Tacuarembó para ser sometido el domingo próximo a una delicada intervención quirúrgica.
En la habitación 104 del primer piso del nosocomio ubicado en Bulevar Artigas y Montecaseros, el entrañable cantautor popular recibió a todas y cada una de las personas que se acercaron para brindarle su solidaridad ante la dificil situación que enfrenta.
Algo delgado, aunque sereno y reflexivo, Estramín agradeció con afecto y buen ánimo las muestras de cariño de quienes concurrieron a visitarlo, entre ellos sus colegas músicos y un sinnúmero de personalidades del quehacer artístico y cultural.
Estramín recibió un ofrecimiento para operarse en los Estados Unidos (Atlanta), lo que fue agradeció aunque desestimó, ya que prefirió que la delicada intervención quirúrgica sea realizada en el hospital tacuaremboense, entre otras razones porque ese centro de salud uruguayo cuenta con la más avanzada tecnología para este tipo de intervenciones y un personal altamente capacitado.
«Necesito un milagro, recen por mí»
Con cabal conocimiento y comprensión de su estado de salud y monstrando una gran entereza, Estramín reiteró su pedido de oración a todos los creyentes: «Yo necesito que recen por mí dijo, hay que pedirle un milagro a Dios, yo necesito ese milagro», subrayó, agregando, desde lo humano: «Voy a dar todas las batallas que tenga que dar, sin doblegarme y con toda la fuerza».
Querido, admirado y respetado por multitudes, este cantautor montevideano como ya anotamos en otra oportunidad se ha erigido en un ineludible puente de unión entre dos generaciones de músicos y todos sus fonogramas tienen una notable difusión y arraigo popular. Ellos son Cantacaminos, grabado junto a Juan José de De Mello y el dúo Larbanos/Carrero, Pablo Estramín (Sondor), Se verá que pasará (Orfeo), Estamos acostumbrados (Orfeo), Morir en la capital (Orfeo), Lo mejor de Pablo Estramín (Orfeo), La Campana (Orfeo), Canciones de mis amigos (Orfeo), Disco de Oro (EMI), De mis amores (Sondor) Gardel posta posta (Obligado), grabado junto a Vera Sienra y Pepe Guerra. Luego vendría Trozos de Luna.
A principios de los años ochenta, como un cronista fiel y comprometido, Estramín comenzó interpretando y componiendo canciones en las que prevalecía la raíz folclórica telúrica, canciones comprometidas con el amor, los trabajadores, las injusticias y la lucha contra los regímenes políticos autoritarios. Considerado uno de los cantores populares más importantes de nuestro país, durante años se ha presentado ante el público con distintas formaciones instrumentales.
En la actualidad, el artista, de 47 años de edad (nació el 30 de setiembre de 1959), es alguien que aún tiene mucho por decir. Sus trabajos discográficos son ineludibles, un muestrario imprescindible a la hora de elaborar una síntesis del cancionero popular uruguayo.
Siempre ha disfrutado su tiempo libre junto a su madre, hermanos y amigos. Su ética, su compromiso con los afectos y el jugarse a pleno por sus convicciones han permitido que la gente lo sitúe en una posición de privilegio.
En una oportunidad el cantautor ha dicho: «No puedo ser indiferente a lo que le está pasando a la gente, a mi entorno, a mí y a toda la sociedad. Yo creo en el canto con compromiso, no me voy a transformar en un cantor panfletario porque nunca lo fui, pero tampoco voy a hacer una propuesta indiferente a lo que está sucediendo. Voy a buscar una manera de generar esperanza desde la desesperanza. Las cosas mejoran en la medida en que cada uno, desde su rol, asume responsabilidades. La realidad no la cambian ni las canciones ni los cantores, pero yo tengo la necesidad de no ser indiferente».
El autor de «Morir en la capital», «De adolescentes», «Magdalena» y «Estamos acostumbrados» ha confesado que aprendió a tocar la guitarra mirando recitales en la televisión, antes de iniciar estudios formales en un conservatorio, con la profesora Elida Grandall. Pocos recuerdan que en 1973 cantó la ópera La cenicienta en el Teatro Solís y que en 1975 integró una compañía de zarzuelas. Hincha del Club Nacional de Fútbol, cursando estudios en el liceo Bauzá, junto a compañeros de clase fundó el grupo folclórico Tiempo Nuevo. En 1978 y 1979 esta formación obtuvo los primeros premios otorgados por dos recordados programas televisivos: Guitarreada y Estudiantina.
En 1980 el grupo obtuvo el primer premio del Festival Folclórico de Durazno, ocasión en la que, además, Estramín fue galardonado como la Mejor Voz del festival.
Luego, a partir de los años ochenta, comenzó su ascendente actividad individual. En 1982 grabó con Larbarnois/Carrero y Juan José de Mello y al año siguiente su primer disco como solista.
A diferencia de otros integrantes de aquel fermental movimiento musical que tuvo sus picos más altos entre 1980 y 1988, la popularidad de Estramín no disminuyó, sino que se acrecentó con el paso de los años, sobre todo, a través de un intenso trabajo en el interior de nuestro país, sumando para sí los galardones más importantes que otorga el tradicional circuito de festivales (Charrúa de Oro, en Durazno y La Guitarra Olimareña en Treinta y Tres, por citar dos casos).
En consecuencia, el resultado de su carrera es también la síntesis del trabajo duro y de una postura absolutamente profesional y comprometida con sus textos.
Estramín ha logrado situarse en el respeto y los afectos de la gente no sólo por su arte, sino también por su forma de plantarse en la vida.
Como anotamos más arriba, aunque aún tiene mucho por hacer y decir, hoy puede mirar hacia atrás con la tranquilidad y el orgullo de saber que ha sembrado y que sus semillas han caído en el fértil territorio del sentimiento popular, ese lugar pleno de ternuras que los pueblos reservan solamente para sus mejores hijos. Fuerza, Pablo. *
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