Un disco que es una obra de amor
Madrid, corresponsal en España
Este disco –presentado en multitudinaria rueda de prensa por el propio artista– marcará sin duda un hito en su ya fecunda trayectoria. Más que una colección de canciones –en «estilo Serrat» a partir de géneros de raíz latinoamericana, es por su calidad y el «audible» cariño con que fue hecho, más que nada una obra de amor.
¿Palíndromos o «alter ego»?
El sello BMG centra la difusión previa al lanzamiento del disco en un palíndromo (frase que se lee igual desde ambos extremos): Serrat-Tarrés y en el juego de que «El tal Tarrés» (título de una de las 14 canciones) es el «alter ego» del músico catalán. La propia rueda de prensa se convirtió en una alegre farsa en la que Serrat actuó como «Joan Manuel, el vocero de Serrat y Tarrés».
Según «Joan Manuel el vocero», Tarrés no es una aparición repentina, «lleva toda la vida de Serrat con él. Ha compuesto canciones y ha cantado con él. Lo que pasa es que hasta ahora Serrat ha tenido todo el crédito para él sólo y ahora ya lo tienen ambos».
Catorce «cansiones»
El disco contiene catorce «cansiones» (así con «s»), todas con raíces en géneros musicales latinoamericanos: son cubano, bolero, vallenato, tango, candombe, guarania.
Cansiones –dijo Serrat– se llama así «porque es una idea de Tarrés; escrita con ‘s’ porque Tarrés creía que no cometía ningún error al escribirlo así». «Como lo cree –agregó– el ochenta por ciento de la ciudadanía hispanoparlante que –mal que le pese a los académicos– dice «cansiones» y no «canciones». Subrayó que Cansiones no es una antología, ni las trece mejores canciones de Latinoamérica, «ni siquiera las que más le gustan a Serrat». Es «lo que hay detrás de ellas: la riqueza musical de Latinoamérica, las canciones de las que aprendí tanto en noches de amistad, de amor, de música».
Hay otra cosa «detrás de ellas»: el trabajo de un músico que –sin desvirtuarlas– las transforma en un estilo ya propio, de forma que no es «Serrat cantando rancheras» (como él mismo señaló) sino Serrat cantando «sus canciones», fusionando ritmos con maestría, descubriendo y subrayando las relaciones del son cubano con la «colombiana» (un «palo» de los «de vuelta» del flamenco) o las del vallenato con la rumba gitana, o «relacionando la música de origen mexicano con las sonoridades de la parte más meridional de América del Sur».
«Soy latino»
Serrat recordó que lleva treinta años de «relación profunda con América Latina y su música». Cuando se le preguntó por qué había hecho este disco, contestó que era «un tema pendiente» y que «debía hacerlo para cerrar un ciclo con la otra orilla».
«Hago música latina porque soy latino. Y lo soy por dos lados: por la mediterraneidad de mi origen y por la latinoamericanidad de mis sentimientos».
Salvo «Tarrés», escrita especialmente para cerrar el disco, las «cansiones» parten de múltiples ritmos y estilos, cuando no de canciones o composiciones determinadas recreadas por Serrat (como el tango «El último organito»). En algún caso es patente el origen de una determinada nueva canción serratiana como es el caso de «Mazúrquica modérnica» con reminiscencias de Violeta Parra.
La inclusión de «Che Pykasumi» (que Serrat canta en guaraní) despertó la curiosidad de LA REPUBLICA. ¿Fue Serrat o Tarrés quien estudió el guaraní? Al cantar en un idioma extranjero, ¿recordó Serrat cuando le persiguieron por cantar en el «extranjero» catalán? «El problema –contestó– fue para Serrat que tenía que cantar en guaraní. Para Tarrés es más fácil: él puede emborracharse en dos o tres idiomas, incluso en guaraní. Así lo hizo y pudo informar a Serrat».
«Mi tortolita» (o mejor: «Mi pequeña tórtola», traducción al castellano de «Che Pycasumí») es según Serrat «una canción que siempre me emocionó por muy paraguaya, por su sabor triste. La transformé de guarania a balada lenta y la incluí en el disco porque una canción es una de las lenguas ancestrales de Latinoamérica que no podía faltar. Y el guaraní no sólo lo hablan todos los paraguayos sino que en Paraguay se piensa y –sobre todo– se siente en guaraní». También un candombe está en el repertorio. Su título es «La llamada» e incluye estos versos: «Negra: ¿dónde están mis barbas?/ ¿Mi galera de felpa? ¿Mi largo bastón?/ Dime: ¿dónde están mis lentes,/ mi camisa a rayas y mi franquidoy?
Las «cansiones» fueron grabadas en Montevideo, en Cuba, en Buenos Aires y en otras varias ciudades de América del Sur, con diferentes músicos locales. El tratamiento de estas grabaciones e impresión, en Madrid.
Para difundir el disco, se filmó un video en Cuba dirigido por Xavier Ribeira Perpiayá. En él se «juega» (con mucho humor y en el fotogénico marco de La Habana) con el «misterio» de la personalidad de Tarrés («Quién c… es ese tal Tarrés, chico»). Aparecen en el video numerosos amigos de Serrat –que opinan sobre la cuestión–, entre ellos Eduardo Galeano, Ana Belén, Mercedes Sosa, el veterano cómico Gila.
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