Tiene la Palabra

Duerma tranquilo, hermano II

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Montevideo tiene sus propios Riachuelos, arroyos que por obra del progreso industrial primero y el empobrecimiento del país después, se convirtieron en vertederos de deshechos industriales y humanos.

Se afincaron en sus márgenes industriales que descontroladamente los usaron para desagüe y muchas veces para tirar también residuos sólidos, este proceso fue limitando el caudal de estos y la velocidad del agua, por tanto la capacidad natural de los cursos de agua de autolimpiarse.

También la pobreza tuvo importante papel, se crearon en sus orillas asentamientos urbanos (villas miseria) con habitantes que se dedican principalmente a la recolección y posterior clasificación de residuos cuyo descarte final también va a parar a estos arroyos. Y por último las aguas servidas que estos grupos urbanos generan termina por convertirlos en cloacas a cielo abierto.

Ahora bien, ¿qué ha hecho o está haciendo Montevideo para resolver este problema?

El Plan de Saneamiento III dio conexión cloacal a una extensa área de la ciudad abarcando la totalidad del arroyo Miguelete y sus afluentes, se reglamenta y ordena a la industria de esa zona y se ha realojado (con adecuadas soluciones habitacionales) a varios asentamientos urbanos desalojados de la márgenes de dicho arroyo. Toda esta zona de la ciudad se manejaba hasta ahora con pozos ciegos domiciliarios, esto significa un seguro riesgo de contaminación del subsuelo por las naturales o intencionales filtraciones de aguas servidas por mal manejo de los mismos.

El área aludida representa aproximadamente el 40% de la superficie de la ciudad. Actualmente, sumado al saneamiento anterior, se llega a cerca del 90% de la ciudad conectada a la red cloacal (cifra a la que pocas ciudades del mundo llegan).

Comienza en 2008 el Plan de Saneamiento IV, éste tomará la zona norte de Montevideo (la menos poblada pero no dejada de lado) abarcando la cuenca del arroyo Pantanoso. No conozco detalles ni como será el fin de esta obra pero seguramente será realizada con la eficiencia y espíritu social de la anteriormente descripta. Está prevista la construcción de un emisor subacuático y las correspondientes plantas de tratamiento de aguas como la ya existente en Punta Carretas para que los vertidos al Río de la Plata tengan la menor posibilidad de contaminación.

Duerma tranquilo hermano, nosotros nos cuidamos y los cuidamos.

JOSE DELGADO – C.I. 902.307-9

 

13 de enero. Don Frutos Rivera

Señor Director de  LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El liderazgo del General Rivera se fue construyendo capilarmente de abajo hacia arriba, desde las entrañas del pueblo que mayoritariamente le quiso.

Caudillo por antonomasia, su vida representa una de las sagas existenciales más ricas en perfiles políticos, sociales y humanos de nuestra historia. Iniciando a la luz pública en 1811 con la admirable alarma culminó un 13 de enero de 1854, en el modesto rancho de Bartolo Silva a orillas del arroyo Conventos, en el Departamento de Cerro Largo.

De espíritu inquieto y sagaz, dueño de un carácter expansivo y desbordante, quisiéramos recordarle en sus múltiples dimensiones de caudillo.

Caudillo de la gesta emancipadora, fue al decir del profesor Pivel Devoto «un hijo auténtico de la Revolución con las virtudes y los defectos inherentes a la época y al medio en que había formado su personalidad».

Durante el ciclo artiguista asestó el golpe mortal al centralismo porteño triunfando en Guayabos, y se constituyó cuando la invasión portuguesa, en el único comandante en obtener victorias para las armas patriotas, según reconocimientos de los propios enemigos. En 1820 rindió sus armas ante la derrota inexorable, cuando la mayor parte de los jefes se hallaban prisioneros o habían defeccionado.

En 1825 se plegó a la cruzada libertadora, tras un lustro amargo donde acepta –es cierto– honores del portugués y el brasilero, pero a cambio de erigirse en el genio tutelar de la campaña. Pero ya antes del arribo de los 33 a la playa de la Agraciada había comprometido su incorporación a los revolucionarios.

En 1821, a orillas del Yi, fundaba la villa de San Pedro del Durazno con los huérfanos de la Patria, es decir, las familias de los caídos en la guerra revolucionaria. Como Presidente de la República opondría muchas veces su influencia para evita el desalojo de los pequeños y medianos poseedores rurales, aún contra las decisiones judiciales. Caudillo del perdón, siempre dispuesto a aliviar agravios.

Véase si no, el ejemplo que proporciona Eduardo Acevedo: «Entre los prisioneros (de la toma de Mercedes, durante la Guerra Grande) figuraba el coronel Cipriano Miró, prisionero también del Palmar en 1838 y en ambas ocasiones respetado por los vencedores, hecho que no era raro, sino muy corriente en las campañas de Rivera».

Algunas veces, vencido por enconos de momento lanzaba decretos de muerte contra algunos adversarios. Decretos que quedaban en palabras y que el mismo se encargaba de incumplir.

Caudillo de los guaraní-misioneros, es decir, de aquella porción de población indígena americana que más contribuyó con su caudal demográfico y su acervo cultural a la historia de estas comarcas, especialmente al Norte del Río Negro. Miles, siguiendo su estela de libertador, le acompañaron al momento de abandonar las Misiones Orientales conquistadas por Rivera al Brasil. Fundaría con ellos primero Bella Unión, y más tarde en 1833, el pueblito de San Borja del Yi, cerca del Durazno. La mayor parte del 1er. Ejército de la Patria nueva, formado en 1829 sobre el ejército del Norte conquistador de las Misiones, se compondría de guaraníes.

Caudillo de la soberanía nacional frente a las pretensiones de sus poderosos vecinos. «El Estado oriental existe, pero su cuna es como la de Hércules: dos serpientes la rodean», escribiría con gran penetración de las circunstancias políticas.

Combatió al imperio del Brasil –el que por todos los medios intentó comprarle o destruirle hasta el final– consolidando con la gesta de las Misiones en 1828, la independencia definitiva del país. Tembló en su momento la Corte de Río ante su anuncio de que no se detendría hasta llegar a Porto Alegre. Combatió el centralismo porteño en sus dos versiones: la unitaria y la rosista. Su oposición a esta última fue, tal vez, su timbre de honor entre tantos hechos trascendentes de su dilatada trayectoria pública.

Fue Rivera, en fin, en el último tramo de su vida, prenda la paz y de libertad como miembro designado –aunque no efectivo– del Triunvirato de gobierno junto a Juan Antonio Lavalleja y al entonces coronel Venancio Flores. Organo colegiado a cargo del Ejecutivo cuya formación estuvo dirigida a conjurar una situación de vacío de poder. Los dos más prestigiosos comandantes de Artigas volvían así a reunirse en la tarea común de que este país tuviera caminos factibles. Sería así esta su última contribución a la causa pública. Su compadre Juan Antonio ejercería el cargo de triunviro un mes apenas. Fallecía en octubre de 1853. Don Frutos no llegaría a ejercer, volcando a la estabilidad de la situación, el peso de su inocultable prestigio. En eso estaba cuando lo sorprendió la muerte allá por un 13 de enero de 1854.

ATILIO CONDE  – C.I. 2.960.338-8 ,NELSON DELLEPIANE  – C.I. 1.636.592-3

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