La herencia casi olvidada de una poeta
Amiga, secretaria y heredera de la Mistral, su albacea Doris Dana murió el 29 de noviembre pasado en la ciudad de Naples, Florida, pero su deceso fue comunicado recién esta semana por dos chilenos, representantes suyos, a quienes encargó seguir con la administración de los bienes de la poeta.
Dana, que acompañó a la Mistral en los últimos diez años de su vida, nunca manifestó si autorizaba la repatriación de los escritos a Chile, pero su decisión estaría consignada en el testamento que dejó y que será leído probablemente la semana próxima.
Con su muerte, es incierto el destino de los documentos que permanecen en la Biblioteca del Congreso estadounidense, porque quedó interrumpida la negociación que llevaba adelante el gobierno chileno para obtener ese legado literario de la poeta que murió hace medio siglo, el 10 de enero de 1957 en Nueva York, a los 68 años de edad.
Desde mediados de 2006, el gobierno de Michelle Bachelet ha estudiado diversas iniciativas «que tendían precisamente a darle garantías a Doris para una repatriación de la mayor parte de los originales de creación de Gabriela», reveló la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, quien anunció la intención de crear un centro de archivo y difusión de la obra de la autora de «Desolación» (1922), alimentado con los materiales que entregaría Dana.
La creación se ese archivo se gestionaba a través de Guillermo Scalan y Luis Benimellis, los dos chilenos a quienes Doris Dana concedió poder para continuar con la administración de los bienes de la Nobel de Literatura.
Constituida por cerca de cuarenta mil manuscritos inéditos de la escritora nacida en el fértil Valle de Elqui del norte chileno, esa herencia documental incluye los originales de «Desolación», veinte cajas de cartas con intelectuales de la época y siete baúles con objetos y fotografías. «Es un tesoro literario», describió Scalan a medios chilenos de prensa. Por su parte, el diputado Maximiano Errázuriz anunció que presentará un proyecto ante el Congreso para que solicite a su símil estadounidense la remisión de los archivos a Chile.
Dana no era la dueña de los documentos, sino «sólo su albacea», estimó el parlamentario. Errázuriz es asesor de la Fundación «Legado Gabriela Mistral», que intenta obtener los dineros de las editoriales por los derechos de autor de Mistral, para ser entregados a los niños de Montegrande, su pueblo natal, según lo expresó en su testamento.
Lucila Godoy Alcayaga, nombre verdadero de Mistral que escribió con igual fervor a la infancia y a la política, nació el 7 de abril de 1889 en el seno de una familia campesina.
En 1914, con su dramático poema «Los sonetos de la muerte», ganó su primer reconocimiento literario y adoptó el seudónimo que la haría conocida mundialmente.
Durante su juventud, recorrió Chile como profesora de escuelas públicas, hasta que ingresó a la carrera diplomática a comienzos de los años 1930 y fue cónsul en México, España, Portugal y otros países.
Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura en 1945 y seis años más tarde el Premio Nacional de Literatura. Sus tres primeros volúmenes, «Desolación» (1922), » Ternura» (1924) y «Tala» (1938), fueron publicados en el extranjero. Sólo el cuarto, «Lagar» (1954) fue publicado en Santiago de Chile. *
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