BABEL: UN FILME DE ESCRITURA MAGISTRAL, QUE REFLEXIONA SOBRE LOS AFECTOS Y LOS CONFLICTOS POLITICOS

Los desolados territorios del destino

La dictadura, uno de los episodios más oscuros de nuestra historia nacional, responde obviamente a una rigurosa lógica de causalidad, que se nutrió de la bipolaridad planetaria, un traumático proceso de descaecimiento institucional y la paulatina escalada represiva.

El arte, en sus diversas manifestaciones, ha sabido plasmar esas inflexiones humanas, abrevando frecuentemente de la materia prima de la realidad.

Partiendo de esa premisa no escrita pero frecuentemente corroborada por el ejercicio creativo, el cine ha sido siempre un riguroso intérprete de la milenaria aventura humana.

En el drama, más que en otros géneros que apuestan meramente el éxito comercial y no a la reflexión, la relación entre causa y efecto ha sido casi una regla de oro.

Uno de los realizadores sin dudas más inquietos y talentosos, cuya producción alimenta abundantemente la controversia, es el mexicano Alejandro González Iñárritu.

Sus recordados filmes Amores perros y 21 gramos confirman una particular predilección por las historias personales desgarradoras y de lenguaje despiadado, que desafían la inteligencia del espectador. El cine de este osado realizador no permite que nadie sea indiferente, porque tiene la capacidad de ensayar agudas lecturas de la realidad y los más cruentos territorios cotidianos.

Babel, de reciente estreno, no constituye ciertamente una excepción a esta estética personal y provocadora, que alude, en más de un sentido, a un mundo de extrema desolación.

Fiel a una técnica narrativa muy habitual en el recientemente desaparecido Robert Altman y otros paradigmas del cine independiente, esta película acumula historias y personajes, como si se tratara de un caprichoso juego de dominó.

Todas esas criaturas de ficción, que están separadas por miles de quilómetros de distancia, tienen en común un destino signado por la fatalidad, que los transforma en piezas de un mismo ajedrez existencial.

Para construir su relato, el cineasta apela a múltiples golpes de efecto, que no responden a un propósito meramente comercial ni nada que se le parezca. Son, en cambio, parte de una estrategia desti- nada a penetrar los turbulentos territorios humanos.

No sorprende, entonces, que el filme se inicie con una situación casual (o causal) que desencadenará otros eventos no menos dramáticos, cuando dos jóvenes pastores marroquíes hieren accidentalmente, mediante a un disparo, a una turista norteamericana.

La posterior narración se desarrolla en tres escenografías radicalmente diferentes: el desértico paisaje de Marruecos, la dicotomía cultural entre el Estados Unidos desarrollado y el México subdesarrollado y el surrealista paisaje urbano de Tokio.

Todo está filmado en locaciones naturales y los personajes dialogan en sus idiomas locales, lo que contribuye a otorgar una mayor verosimilitud a lo que está sucediendo.

Mientras una pareja burguesa norteamericana intenta reconstruir su vida afectiva en un viaje de placer por las calcinantes arenas de Marruecos, sus pequeños hijos, que quedan a cargo de una niñera mexicana, se transforman en involuntarios protagonistas de una aventura tan insólita como dramática.

En el otro extremo del mundo, una joven japonesa sordomuda intenta sobrevivir a una situación de terrible desamparo afectivo, en la jungla de cemento, neón y anfetaminas de un Tokio occidentalizado hasta extremos realmente grotescos. Alejandro González Iñárritu y su guionista, Guillermo Arriaga, se transforman en auténticos titiriteros, al entrecruzar los destinos de esos seres desamparados que, en la mayoría de los casos, no se conocen entre sí, pero igualmente se transforman en actores de una misma tragedia.

El cineasta mexicano expone siempre a sus personajes a la intemperie de la realidad, como en el caso de esos dos turistas norteamericanos que quedan virtualmente abandonados a su suerte en un país pobre y atrasado y se transforman, a la sazón, en fortuitas víctimas de los conflictos políticos.

Otro tanto sucede con la niñera mexicana que reside ilegalmente en Estados Unidos y con la sordomuda japonesa de ambigua afectividad, quien carga sobre sus espaldas con un oscuro pasado.

Babel es un filme de escritura magistral y de lenguaje osado y explícito, que reflexiona en torno a las conductas humanas sometidas a situaciones límite.

Asimismo, el filme ensaya diversas lecturas sobre los afectos amputados, el autoritarismo, el abuso policial y las graves consecuencias de las confrontaciones políticas de nuestro tiempo.

Esta es una obra de autor, potente, frontal y provocadora, a la que González Iñárritu imprime un singular realismo dramático, que no soslaya críticas al doble discurso y la injerencia del imperialismo unipolar. Un filme imperdible. *

 

BABEL. Estados Unidos-México 2006. Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guión: Guillermo Arriaga. Reparto: Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Adriana Barraza, Rindo Kikuchi, Koji Yashuko, Nathan Gamble y Elle Fanning.

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