Doble Traición

No robaras en Noche Buena

John Frankenheimer vuelve a escena con un thriller que tiene sus momentos de alta tensión, a la vez que está teñido de finas capas paródicas. El filme se denomina «Doble Traición» y está protagonizado por Ben Affleck, Gary Sinise y Charlize Theron

Cuando su compañero de celda muere en prisión apuñalado por una cuestión de venganza, el personaje vivaracho que compone Ben Affleck –quien se acaba de salvar por segundos– decide que habrá que volver a casa, tomar una buena taza de chocolate caliente, tener gratas conversaciones con su padre y hacer lo correcto.

Pero al salir de su confinamiento y por lo tanto verla tan esbelta y tan bella, desconcertada en la nieve (Charlize Theron), decide trocar su nombre de Rudy por el de Chris (su amigo muerto, quien se había enamorado de la chica mediante envíos mutuos de correspondencia) y de ese modo encarar a esa muchacha de ojos vivaces y líquidos y ganarse el jakpot, revolcarse con ella por horas en un motel y demorar por un buen tramo de tiempo el regreso a su pequeño pueblo.

Pero en toda historia romántica, desde luego, hay un villano y ese es nada menos que el hermano mayor de la chica, y es el formidable Gary Sinise (un actor tan intuitivo como virtuoso y también aquel recordado cineasta que logró una estupenda adaptación de La fuerza bruta el clásico de Steinbeck) que se devora la pantalla o mejor dicho la toma por asalto con ese personaje tan caricatural como temerario, tan de poca monta como demencial.

Lo cierto es que Doble Traición, de John Frankenheimer, desarrolla un thriller artesanal con momentos dramáticos no exentos de líneas paródicas que por momentos divertirán al espectador. Es como si la historia, o sea su red argumental guiñara con solvencia esos ámbitos marginales con criaturas que quieren una única oportunidad para salvarse y que, en este caso específico, viene a ser un ladrón de autos (Asffleck), una gavilla de descerebrados que trafican armas y viajan en un inmenso camión (Sinise y otros tantos ‘freaks’) y la irresistible Theron. (El abogado del diablo y La cara oculta), una muchachita más ardiente que un tazón de chocolate.

Un filme de perdedores, entonces, que en Nochebuena deciden robar el casino cuyos dueños son indígenas que le reclaman a su gerente mayores clientes (Denis Farina, quien en realidad desea pegar la vuelta a Las Vegas) y que sugestivamente se llama Tommahawk y en donde, por cierto, el personaje de Affleck alguna vez trabajó como guardia de seguridad. Mejor dicho: el individuo por el que se ha hecho pasar Affleck.

El relato llega a ser divertido y hasta generar secuencias de una delgada mordacidad casi como un apunte, como para agregarle pimienta a una evolución de la anécdota que cumple deliberadamente con el credo o los mandamientos sacrosantos del thriller. Y Frankeinhermer, en un tono menor y a la vez aplicado, logra llegar a buen puerto.

En rigor, viene a ser el show de Gary Sinise; su supuesto temerario villano llama a la risa y a la compasión. Es tan locuaz como torpe con esos ojos desorbitados que intimidan por unos pocos segundos, pero que en su locura puede tomar una ametralladora y barrer con todo Michigan. Así con las cosas. O así parecen.

Así que, después muchas idas y vueltas, cinco individuos disfrazados de Papá Noel ingresan al Tomahawk para hacerse con el gran botín y habrá sorpresas varias, seguramente una balacera que guiña a las mejores balaceras que haya producido Hollywood, una inevitable vuelta de tuerca con un final que no debe describirse en este artículo.

Puede verse.

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