Fiestas sin publicidad
No es un buen día, sin duda. Pasó la primera tanda de fiestas y ahora solo tiene un cansancio enorme, una resaca que no le quitan los analgésicos, una bronca porque el asado le falló, una cierta languidez estomacal porque por culpa del exceso hace horas que el hígado está sin trabajo y además por la vuelta, ese retorno para la última semana de 2006, que repetirá los mismos macaneos de este ya gastado fin de semana largo.
Todo eso es una especulación ya que está escrito el viernes pasado. Pero, en estos momentos, lo único que se oye es «ufa, qué rápido se fue el año», y poco más. Hay gente empecinada en comprar, en gastar sus pesos extras, en echar sobre esos despilfarres lo anodino, intrascendente, irrelevante que le fue a sus neuronas todo este año. Solemos exagerar, aceptamos la crítica, pero pocos 365 días hayan pasado con tanta mediocridad en la creatividad. La zafra publicitaria, que tiene a las fiestas como uno de sus puntos más fuertes, ha dormido una extraña e inesperada siesta, y pocas apelaciones han logrado entusiasmar a los televidentes sobre la llegada de Papá Noel y el adiós al año.
Los mayores gastos han sido para los supermercados. Tienda Inglesa tuvo una serie de muchachos cayendo por la chimenea y luego las ofertas. El primer efecto, si bien no es novedoso, tuvo un «algo» de interés. Ta-Ta apostó a Gasalla, alguien que parece haber perdido su humor, y luego los ganchos de compra. Disco, Devoto, Géant y Multiahorro limitaron su apelación a los precios.
Entre los grandes centros comerciales, Montevideo Shopping, con el viejo barbudo recorriendo los distintos trineos utilizados en sus varios años, no pasó de ser un comercial sin bríos. Punta Carretas Shopping tampoco logró despegar.
En un descarte de todo lo poco, nos quedamos con el comercial de Secom, que busca la emotividad con apuntes elementales, sin preciosismos. Hay algunas tomas externas, pero lo que importa es la madre e hijo pintando círculos de colores en un vidrio para luego abrir el campo visual y dejar ver que se trata de un arbolito de navidad con su remate: «Hacer de esta Navidad algo grande está en vos». Así de simple, lo que prueba, otra vez, que no se necesitan sofisticaciones para hacer llegar un mensaje.
Si es tiempo de ofertas, la gran guerra debe estar en ellas. Se acepta, así debe ser. Pero queda en el debe el llamador para que alguien recuerde más allá de un precio barato cuál es la marca-paraguas.
Más allá de los supermercados, la otra gran guerra estuvo dada por las tres empresas de celulares, y aquí preferimos a Ancel.
Un especial destaque a San Roque que, a sus ofertas, agregó la chance de un auto Ford Fiesta, extremo al que no se acercaron los demás.
Las bebidas refrescantes mostraron apenas a Coca-Cola, pero con un comercial importado, bien hecho, pero sin identificación, esa fórmula mágica que nos reclama la complicidad y su aceptación.
En relación a las programaciones de la Nochebuena, lo de siempre. Vale admitir que toda la gente de los canales estará en su casa festejando y que hay que respetar ese feriado que se viene. Además la teleaudiencia solo exige, la acumulación de familiares en torno a una mesa impide prestar atención a cualquier cosa pretenciosa, que lo único que se pase sea un montón de temas musicales de figuras y figurones internacionales en programas insulsos, con nada de sustento, que sirva para distraer y nada más. Repetimos, la lógica debe prevalecer. No es el momento indicado para seguir con atención algo formal, armado, con aire bien local, por lo que si desde siempre importamos las fiestas y sus íconos también podemos importar esos largos tiempos de vacíos, de ceros, de estar allí simplemente para tener algún ruido si la charla familiera llega a silenciarse unos segundos. *
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