Tiene la palabra
Tata, excelente trato…
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Los otros días me sucedió un percance dentro del local de Tata, del Montevideo Shopping.
Al reclamar por dicho tema, encontré rápida y concreta respuesta, llegando a la solución necesaria para que el mal momento (si bien fue vivido) se pudiera minimizar.
Destacable accionar, tanto de la encargada del local, como autoridades de la firma.
Muchas gracias y felices fiestas a todo Tata.
ANDREA – C.I. 1.937.432-5
Sobre las guerras en el mundo
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Aciago año de guerra. Hasta cuándo los hombres ciegos cultivarán el odio, la mentira y el genocidio para satisfacer su angurria de poder.
En 1936 tenía once años. Tenía una abuela, dos tíos y cuatro primos en Galicia. Y teníamos un comité de ayuda de la República Española, donde todos hacíamos algo por los milicianos que defendían Madrid.
Por los niños del frente de Madrid, del Guadarrama, de Irún, por los vascos arrasados, por las viudas de guerra, por los huérfanos… Y venían las cartas de la abuela y contaban del hambre que se pasaba, y las cartas de tía Emilia, con el tío José enrolado sin remedio en la Falange para ir a la guerra y mi tía sola con tres chicos en la aldea, cómo les llevaban todo para los franquistas. Como mi padre no quiso nunca mandarles ayuda, ni a la madre, porque nosotros defendíamos la República, éramos y somos antifascistas. Pero pensaba… ¿Qué culpa tiene abuelita de vivir en campo enemigo? Y no dormía pero no dije nunca nada. Sabía que peor lo iba a pasar si ganaba Franco, como así fue. No sólo Ana Fausta murió de hambre en España en esos años y los que siguieron. Recuerdo los noticieros sobre los bombardeos de Madrid. Entonces morir en Madrid no era el título de una película, era cierto: lo veíamos en el cine informativo, los ametrallamientos de las caravanas de refugiados en las carreteras de Valencia… Allí estaban niños, mujeres y ancianos despedazados, ensangrentados.
Luego fue la segunda guerra más aterradora todavía. En España probaban los nuevos aviones de guerra de entonces.
En Hiroshima fue lo increíble, la bomba atómica, innecesaria. Pero igual la arrojaron. Los comerciantes de la guerra tenían que mostrar su mercancía.
Y luego en Las Malvinas probaron otras nuevas armas más sofisticadas aun que aquel horror que fue el napalm de la invasión a Vietnam, con los niños ardiendo vivos con el fósforo blanco. Pero para los industriales de la guerra, ¡qué importan las vidas humanas! Joven carne de cañón llevada al matadero para satisfacer ansias de lucro, de poder, y de torpes vanidades de vencedor.
Y ahora, enero de 1991… Qué nueva forma de horror quieren probar en los pobres pueblos, inermes, para lucro y satisfacción de las fieras humanas que gobiernan, inventan, comercian y se enriquecen con la industria del armamento.
2004. Hoy, releyendo viejos apuntes, volviendo a leer viejos libros ya leídos, trato de describir aquello que creo puede servir para mejorar el mundo en que vivimos o sobrevivimos, unos sencillamente, otros en la más absoluta miseria, sin un trabajo posible, en medio del barro o en la calle, sin un techo que los ampare, semidescalzos, semidesnudos y nadie se conmueve y parece no verlos, sobre todo aquellos que podrían solucionar los problemas, porque tienen poder económico y del otro, el de decidir. Porque tierra donde levantar viviendas hay. Mano de obra capaz de enseñar a hacerlo también. Uruguayos generosos y sensibles, capaces de donar materiales y, si no, imponer el Impuesto a las Rentas, para que los que tienen más paguen más y tengan conciencia y honestidad para no eludir el pago que les corresponde de acuerdo a sus ganancias. Además está Fucvam, que ya tiene una larga experiencia en construcción de viviendas por ayuda mutua. Unamos todo y ya está.
Además, seguir con los comedores y merenderos escolares. El niño mal alimentado no rinde en la escuela. Todos debemos participar, recolectando, cocinando, arreglando muebles, locales, etc., madres y padres desocupados, jubilados y pensionistas (yo puedo enseñar a coser, pintar, etc.) con pensiones y jubilaciones mínimas, no siendo sólo comensales, también se iría tirando hasta que mejoren las cosas a medida que los cambios que nuestro país necesita se hagan y se desarrollen.
Esto por un lado, y por el otro educar para la paz y contra las guerras y toda clase de violencia. Llegar a comprender la necesidad de revertir la industria de guerra en industria de paz.
Si en vez de bombarderos hicieran buenos aviones de transporte y turismo que no se caigan de viejos y recontra usados; si hicieran transportes fluviales que no se desbaraten de viejos y sobrecargados como ha pasado en tantos países; si en vez de acorazados hicieran vigas, puentes y ventanas para casas nuevas para quienes no tienen techo, nadie quedará sin trabajo y todos contentos y en paz.
2006. Toda la industria del armamento está sólidamente unida al petróleo, son los mismos dueños, unos pocos individuos, delincuentes sin conciencia y con mucha codicia. Multimillonarios ellos que forman una mafia multinacional de la muerte.
Cae una bomba y quiénes mueren: los niños, las mujeres y los abuelos porque los padres están movilizados en los ejércitos.
Entonces por qué no revertir la industria de guerra (verdadera genocida) a industria de paz. Desarrollar la investigación científica pero con honestidad para mejorar la salud, la agricultura, la construcción, etc.
Desarrollar el bien, el amor y no el odio, que sólo sirve para enriquecer a unos pocos a costa de la muerte de millones de inocentes. ¡Hasta cuándo las madres norteamericanas van a seguir pariendo sus hijos para que se los conviertan en asesinos de pueblos y se los manden a morir estúpidamente a miles de kilómetros, para defender los intereses de unos pocos millonarios piratas de nuestras riquezas y de las vidas de nuestros hijos en todo el mundo!
ROSA S. IGLESIAS RODRIGUEZ de GROISONAN – JUBILADA OBRERA DE LA AGUJA – C.I. 541.336-5
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