CINE URUGUAYO DE 2006

Una reseña de la producción autóctona

De manera prácticamente ineludible, lo mejor del año podría concentrarse en «La perrera» del guionista y director Manuel Nieto, largometraje que logró plasmar un agudo retrato de la uruguayez nuestra de cada día a través de una narración austera que no descartó cierta faceta tragicómica. Desde el sugestivo título, todo el filme manejó un trasfondo emblemático que propuso diversas lecturas sobre algunos sectores etarios de la clase media/baja uruguaya (el desasosiego propio de un típico territorio tercermundista cuyos habitantes anestesian inquietudes entre cerveza y marihuana, los desencuentros generacionales, una relativa o incierta viabilidad como nación y un agridulce sentimiento de no future).

La anécdota presentaba a David, el joven protagonista, que es conminado por el padre a terminar su casita -en un terreno que le ha regalado- como manera de enderezarlo para que haga algo útil con su vida. Sin mayores recursos, poca disposición (y nada de aptitud) para el trabajo físico, el personaje (que desea retomar sus estudios en Montevideo y acaba de distanciarse de su novia) recibe el apoyo de algunos amigos un poco díscolos mientras encara el desafío con algo de ganas y muchas dudas sobre cómo hacerlo. De más está decir que esa casa que va construyéndose a los ponchazos, con mucho voluntarismo y escasa noción organizacional, tiene mucho que ver con ese futuro difuso y sin mayores posibilidades que muchos jóvenes presienten en el mediano y largo plazo de sus existencias. Con un guión impecable, auténticamente fidedigno a los códigos de los seres que dibuja, Nieto (que también deposita su dosis de ternura y alguna ráfaga de violencia en esta mirada cinematográfica) logra picos de excelencia en los diálogos y un exactísimo friso de ese microuniverso perfectamente identificable y cuasi estático que traslada a la pantalla grande. Como paisaje que desarrolla la crónica de un posible fracaso presentido, el mundo de La perrera (donde «la cantidad de los hombres equivale a la de los perros y además escasean las mujeres» según manifestara oportunamente el cineasta) impresiona -por momentos- como un registro documental de objetiva exactitud.

Despojada en su fotografía pero rigurosa en la estructura narrativa que plantea, La perrera ya puede ir considerándose uno de los mejores filmes de la producción audiovisual nacional de los últimos años no sólo por lo que dice, sino por la manera cómo lo dice y el espacio para la reflexión que genera en cada uno de los espectadores. Algo similar debe haber pensado el Jurado del Festival Internacional de Rotterdam cuando, a principios de año, le otorgó el Premio Tiger Award, máximo galardón de la competencia.

Por su parte, el documental «Cerca de las nubes» de Aldo Garay logró un atento registro de un modo de vida en el lejanísimo poblado de Quebracho (Cerro Largo), una localidad donde sus pocos habitantes viven a espaldas a los servicios esenciales del sistema (léase agua corriente y electricidad, por ejemplo). Austero y parsimonioso, Garay dejó que la cámara hablara por sí misma y el logro puede calificarse de excelente, sobre todo, por la puntería con que plasma una realidad – tan distante y tan cercana – que involucra la esencia misma de nuestra posible realidad como nación. (Recuérdese a Onetti cuando hablaba de un gaucho, treinta y tres gauchos, etcétera). El propio cineasta ha definido su trabajo como una suerte híbrida de «retrato y relato» pero «Cerca de las nubes», además, es como una pequeña joyita a nivel de documento histórico audiovisual. El tiempo no hará más que confirmar su valor. Por último, también vale la pena subrayar la otra propuesta documental de «Los uruguayos» de Mariana Viñoles, un nuevo intento de explicar (y explicarnos) cómo somos y qué pensamos basado en el formato de la entrevista. Al igual que había ocurrido con «Crónica de un sueño», Viñoles logró extraer perfiles muy representativos de diversas franjas que, otra vez, tienen que ver con nuestra peculiar esencialidad oriental. Con despojada sencillez y buena mano para la edición, «Los uruguayos» no hizo, ni más ni menos, que agregar una pieza a ese pequeño gran rompecabezas que supone ser la República Oriental del Uruguay. Un puzzle que también dio lugar a un fallido intento de cómic local con «El noctámbulo» de Gabriel Díaz («Alternativo» Producciones) que no colmó ni las expectativas más bizarras. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje