Mucho, poquito y nada
Vaso medio lleno o vaso medio vacío. Optimistas o pesimistas. El año 2006 está pasando. Atrás un año con dos destaques. Por un lado, la nueva imagen de Canal 5, la desaparición de TVEO y su cambio por Televisión Nacional, con un isotipo sin mucho que ver pero quizás alguien lo defienda. Estuvo el compromiso de su directora, Sonia Breccia, en esta nueva etapa, de ofrecer mucha información con honestidad, salvando el eterno deterioro del Sodre en equipamiento técnico y apostando a las noticias como fenómeno captador de audiencia. Es una apuesta difícil aunque aparece como tentadora. Llevará, seguramente, mucho tiempo cambiar el gusto de los televidentes, acostumbrados. a las naderías de teleculebrones, periodísticos disfrazados de seriedad, comedias argentinas que, además, son franquicias de tonterías estadounidenses o supuestos programas de entretenimientos o chimenteros de bajo ingenio.
Por otro lado, el festejo del medio siglo de la tele uruguaya. Cincuenta años es mucho en este tiempo de cambios acelerados. Vale el saludo a Saeta por haber disfrutado de la primera concesión de un canal. Fue toda una aventura, claro, con una cámara única, con unos galpones como estudios y con unos pioneros que lograron con inquietud e maginación ser vistos con los esfuerzos de unos pocos. Ellos, sin duda, fueron los que más camino hicieron al andar. Los años demostraron que con aquello no bastaba y la salida de sus competidores , 4 y 12, los fue dejando últimos en teleaudiencia, hasta que el Estado quiso poner su cuota de desastre y abrir el canal oficial para acaparar sin vergüenza los papelones de ser visto solo por familiares por esa falta de orden, de cortes de imagen, de escasa potencia, de atracción, de interés.
Saeta jugó el año a festejar. Procuró gastar algunos dividendos a nuevos programas y puso énfasis en entregar el horario central a productos uruguayos. El balance no es, lamentablemente, favorable. Sus dos estrellas resultaron una frustración. «Distracción» quedó limitada a lo que Orlando Petinatti pudiera aportar por su desenfado, pero el esquema de preguntas simplonas y «distractores» para los participantes no ayudaron. Mal fueron los resultados ya que a mitad de camino se cambió el premio, un auto cero kilómetro, porque hubo casos en los que el ganador demostraba que poco o nada sabía para merecer tal recompensa, y se optó por una serie de electrodomésticos cuyo valor no parecía tan tentador. Petinatti sigue en deuda con la tele. Pero mantiene su chance de llegar a cuajar en su estilo, que tiene tantos fanáticos.
La otra gran propuesta del 10 fue «La magia de la televisión» para lo que contrató, eso se supone, a uno de los conductores más cotizados, Víctor Hugo Morales.
El saldo fue otro divertimento fracasado. Se transformó todo en un programa para reírse los participantes, con escasa repercusión hogareña, donde las distintas parejas que respondían padecían de males varios, la memoria floja, la excesiva juventud y la mala suerte de tocarles preguntas sobre programas o series casi desconocidas, que nunca tuvieron alto índice de audiencia. Otro traspié fue el bloque de «los íconos», unos recortes blancos sobre fondo negro que podían ser cualquier cosa y que llegó al error de poner el perfil de Kevin Spacey, el Lex Luthor de «Superman retorna», un filme que se estrenó hace poco y que nunca fue visto por la tele. No es ensañamiento, no se piense. Pero nos queda una grande. En el programa que tuvo a Vázquez Mello, el meteorólogo pingüinesco, como invitado, Víctor Hugo cometió una pifia enorme para alguien de su categoría. Las míseras neuronas benévolas que no se han gastado nos llevan a afirmar que ese bache quiso ser una humorada pero no fue entendida por Vázquez Mello. Víctor Hugo se refirió a aquellos tiempos cuando todos preguntaban ¿cuál es el pronóstico climatérico», lo que debe llevarnos a asegurar que debía decir «climático» y no climatérico, referido a períodos críticos de la vida sexual, entre ellos la menopausia, y que, reiteramos, pensamos que el relator lo sabía. Como debía saber que «Decalegrón» fue un programa importante del humor uruguayo pero apenas una ramificación de «Telecataplum», sin duda, lo mejor que se ha hecho para reír en serio, y no pudo obviarlo por más que estuviera en un programa del 10 que quería recordar la magia de la pantalla chica.
Otro punto en contra; «Sólo para reír», que quizás obtuviera alguna sonrisa entre canadienses y sajones pero que aquí dio pena, aunque para los rellenadores de espacios del canal varió la cotización de sus dividendos. Primero lo quitaron de un horario central en día privilegiado, enviándolo a los domingos, pero ahora quisieron rellenar ausencias y le agregaron un «Sólo para reír plus», lo mismo con igual collar y la misma descalificación.
En las noches del 10 tuvo como otra novedad «Víctimas y victimarios» con Nano Folle como conductor. Algunos aciertos, algunos espacios neutros. No fue mucho pero tampoco desmerecedor del esfuerzo, aunque el movilizador del programa sea la delincuencia, la sangre, los presuntos males de la justicia.
El canal repitió «Bendita Tv», que fue ganando semana a semana cierta, valida aceptación aunque lo trasladasen a los domingos, día maldito para programar.
También fue otro año de «Zona Urbana» que no cambió su rumbo, que logró su mayor repique con la entrevista a Pedro Bordaberry, en un firme disfraz de periodístico objetivo.
«Dicho y Hecho» con Gerardo Sotelo quedó a mitad de intenciones.
Lo mejor estuvo en «Blanca Rodríguez» y su serie de entrevistas a personalidades, aunque en alguna situación se la vio desganada, demasiado calma..
Otro de los puntos a destacar es «La culpa es nuestra», porque los dos jóvenes conductores mantuvieron y contagiaron la alegría de ser auténticos desfachatados que escapan a los peligros de hablar de nada.
Eso fue la noche del 10 y lo que pareció medular en los festejos de los 50 años.
En su mañana, «Con mucho gusto», Sergio Puglia repitió ser el principal referente para los televidentes de primera hora. Los otros canales privados con «Buen día Uruguay» por el 4 y «Bien despiertos» por el 12 no le fueron muy atrás, siendo este sector matutino el de mayor competencia y más trabajo profesional
Entre lo destacable en otros canales, «Vidas», por el 12, sin pretensiones y por eso mismo rescatable. «Código país», mismo canal, no alcanza a subir su promedio de programa blando, a destiempo, apático.
En esto hay olvidos. Pero quizás, como excusa, sirva que el olvido llega cuando no se rompen esquemas y se insiste en la mediocridad.
En todos los canales privados la mayoría del tiempo fue para telenovelas argentinas, chilenas, colombianas, mexicanas, brasileñas, lo que no es bueno para la salud.
En un balance a las apuradas queda mucho para atrás, pero debe remarcarse que somos, para la televisión privada, no comprometida, un país sin mucho futuro, viviendo del pasado. Mire la cartelera. Aunque en el fútbol no lleguemos a nada, igualmente hubo 7 programas deportivos con gente que nos habla de lo bien y mal que andamos, de los problemas en las prácticas, de los técnicos que van y vienen, de los dirigentes corruptos y todo lo que debía saber para recordar , por descarte épocas de gloria. Todavía, debe preguntarse, ¿hay fanáticos para tan poco? *
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