El brillante Zeffirelli renace con una colosal versión de "Aída"
A los 83 años, el director y decorador de cine, teatro y ópera italiano, que inició su carrera con el gran Luchino Visconti, primero como actor y después como ayudante en diversas producciones cinematográficas, teatrales y operísticas, estremecía anticipadamente al selecto público del templo milanés con la puesta en escena de una Aída fastuosa, «hollywoodiana», con escenas abrumadoras y trompetistas que tocan la Marcha suspendidos en el aire.
Pocos días antes, con ocasión del lanzamiento de su densa autobiografía, el célebre cineasta se había abandonado a recuerdos dolorosos mezclados con anécdotas, confesiones medio escandalosas, entreteniendo como siempre a su devoto público con una vida fuera de lo común. «Soy homosexual, pero no gay, una palabra que odio, que es ofensiva y obscena», escribió en el libro, en el que admite haber reconocido públicamente sólo hace diez años su «diversidad». Católico, conservador, Zeffirelli nació en Florencia el 12 de febrero de 1923, hijo de «NN». Llamado el «bastardito» por la esposa de su padre, un rico comerciante de telas y ‘Don Juan’ que lo concibió con una costurera de éxito casada con un abogado, Zeffirelli tuvo una niñez difícil, tras perder la madre a los 6 años. «Mi madre encabezó el funeral de su marido embarazada de otro: un escándalo terrible», escribió el director de cine, quien transforma todos esos recuerdos en pruebas de amor y orgullo. «Como no podía darme el apellido del marido, ni de su amante, escogió el nombre del aria de Idomeneo de Mozart: Zeffiretti, que adoraba. Un error al transcribirlo en el registro lo transformó en Zeffirelli», cuenta. Muchos años después, el padre lo reconoció y le dio su apellido, Corsi. Pero Zeffirelli era ya Zeffirelli, un nombre único, un icono. Rubio, ojos azules, mundano, el cineasta confía que fue acosado sexualmente de niño por un fraile. «Quedó satisfecho después de realizar su deseo escondido con el simple contacto de mi cuerpo… Después se precipitó al confesionario llorando de arrepentimiento», afirma en el libro.
El primer orgasmo de su vida tiene fecha exacta: «el día de la muerte de Pirandello, en 1936″, sostiene el cineasta, quien reconoce en sus memorias que estuvo siempre enamorado de Visconti, con el que colaboró durante muchos años y que fue la persona que le abrió las puertas al éxito. «Con Visconti viví un amor atormentado, roto, pero nunca apagado. Para mí, Luchino era el modelo de todo lo importante», sostiene Zeffirelli, quien recuerda también su amor y admiración por María Callas, «la única mujer de la que estuve enamorado».
Después de haberse independizado como director de ópera a comienzos de la década de 1950, presentó una aclamada producción de Romeo y Julieta (1960), la obra de William Shakespeare, que fue la base de su tercera película, Romeo y Julieta (1968). Como renombrado realizador fue recibido por la reina de Inglaterra, varios pontífices, la familia Kennedy y cuenta entre sus amigos a Liz Taylor, Richard Burton, Laurence Oliver, Cocco Chanel y naturalmente la Callas. «La conocí gorda, fea, con piernas gruesas. Un año más tarde, después de perder treinta kilos, era una mujer fascinante, cuya transformación marcó el mundo de la lírica. Ahora se habla de antes de Callas y después de Callas», cuenta. Muchos años más tarde, en el 2002, retomó la historia de la «divina» en el filme Callas forever protagonizada por Fanny Ardant en el papel de la famosa soprano griega. Su reputación internacional sufrió varios reveses, sobre todo después del fracaso de Hermano Sol, hermana Luna» (1972), mística recreación con aire hippie de la vida de san Francisco de Asís. Entre sus mayores éxitos figuran la producción para televisión Jesús de Nazaret (1978) y las óperas filmadas La Traviata (1982) y Otello (1986). Una acogida tibia tuvo El joven Toscanini, retirada en Venecia después de una única exhibición en 1988, así como la adaptación de Hamlet en 1990, protagonizada por Mel Gibson. Rodeado de perros, adoptó dos hijos, Pippo y Luciano, los protectores de su «creativa» vejez. *
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