ARTE

Fin de temporada con fuegos artificiales

Como el año pasado, y más aún, los museos fueron el pretexto para desplegar múltiples actividades (teatro, cine, performances, recitales, conferencias, videos, conciertos, pero sobre todo candombe, murga y tango) que, en su desmesurada programación, desplazaron la a- tención de las obras exhibidas en las diferentes instituciones. Obras que, desde luego, solicitan una atención menos frenética, un entorno receptivo más propicio a la contemplación y a la comprensión. Además, esas multitudes no están asistidas por guías preparados ni habituadas a recorridos artísticos y hasta ponen en peligro la seguridad del acervo por la escasa vigilancia disponible.

En otras ciudades, la apertura nocturna supone disfrutar de museos que habitualmente, por razones laborales o contingencias hogareñas, no se pueden visitar, una oportunidad de entrar en contacto con originales que se conocen de referencia o fotografías. Se impone, pues, un accionar educativo, estimular a través de folletos sencillos e ilustrativos de los contenidos de cada lugar y las obras fundamentales para ver y estimar. Con dos exposiciones temporarias, el Museo Nacional de Artes Visuales no pudo mostrar un mínimo recorrido del arte uruguayo, el Museo Blanes, con otras de similares características, recortó esas mismas posibilidades, la actividad adjetiva en los Museos Históricos opacaron el desplazamiento por sus salas (aunque hubo reacciones de algún político puritano, ignorante de la estética actual, ofendido por desnudos y maltrato de los símbolos nacionales). Acaso muy pocos accedieron al extraordinario acervo de cerámica griega clásica del Palacio Taranco, en el subsuelo. Reflexionar sobre lo actuado es inevitable y sería conveniente que los futuros emprendimientos estuvieran más atentos al conocimiento del arte nacional, incluso en la organización de muestras especialmente organizadas, que a aturdir al público con espectáculos de diverso origen. Extender a otras instituciones privadas, galerías o centros culturales es confundir Museos en la Noche con el Día del Patrimonio. Con menos agitación física y barullo sonoro se conseguirá un mayor aprovechamiento de la cultura artística.

Otras agitaciones sacudieron la modorra ciudadana. La V Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo movilizó al estudiantado en torno a seminarios y conferencias, estructuró un inexplicable ciclo de cine en la cancha de bochas, propició Montevideo sitiada, festival de danza poco estimulante y hasta pobrísimo en algún caso, e incorporó esculturas al aire libre del Ienba, de esforzados ejecutantes con escasa imaginación.

Arte en las Tiendas propuso un recorrido por veinte comercios de moda y diseño de Punta Carretas, incluido el shopping, donde numerosos artistas uruguayos (de primer nivel y otros menores) decoraron vitrinas e interiores. El espléndido local de la Opera se benefició de la intervención en el exterior de Diego Massi, con sus conocidos círculos, Javier Bassi, Juan Burgos, Elena Caja, Mónica Packer (se integró a la decoración interior), Diego Donner, Alvaro Gelabert se limitaron a colgar cuadros o plantar esculturas dentro de los locales o en las vidrieras sin alterar la visión habitual de las tiendas caracterizadas por la excelencia del diseño interior y el refinado buen gusto de la vestimenta, alejadas de la acumulación visual y del traperío que hasta hace poco tiempo predominó.

La 45ª+2 Feria (más dos, por 47 años de existencia) de la incansable Nancy Bacelo en la Plaza Florencio Sánchez cosechó un público atento e interesado, indiferente al desfile interminable de las multitudes en la Noche de las Luces, atraída hacia Pocitos de todos los barrios para ver veinte minutos de los siempre iguales fuegos artificiales. Mejor distribuida que en anteriores ediciones, la 45ª+2 Feria mantiene sus rasgos típicos: artesanía discreta, con hallazgos aislados en cerámica o madera, y olvidable en la mayoría por su poca inventiva basada en copias comerciales, con buenos niveles en libros (Libertad Libros se distingue en el rubro arte), la curiosa edición Los libros más pequeños del mundo de Perú (en otros tiempos se hacían en papel biblia), con minidiccionarios, obras clásicas de Cervantes, Fidel Castro, Che Guevara, José Martí, Kahlil Gibran, Saint Exupéry, y otros rubros, muy legibles y económicos, excelentes calendarios anuales (Taller Aquelarre, Foto Club), cuidadas ediciones de la comunicativa Verónica Artagaveytia, también con orfebrería en aluminio (exhibe en la Sala Cero del Centro Municipal de Exposiciones), stands de Cinemateca Uruguaya, Museo Blanes y de la IMM, con publicaciones que se hacen notar, entre otros. Un encuentro anual que, a pesar de las limitaciones inevitables en esta selección variopinta, vale la pena porque hay una apuesta seria, pensada y sostenida a lo largo de casi medio siglo. *

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