Nuevo filme de "Tragedias de la Historia"
La obra del cineasta francés Eric Rohmer se ha dividido a lo largo de su desarrollo en capítulos: Cuentos morales, Comedias y proverbios, Cuentos de las cuatro estaciones. Cada serie se caracteriza por una actitud reflexiva sobre la naturaleza humana, a veces sobre variantes del paso de las estaciones, otras sobre los sentimientos, otras veces atendiendo a una sabiduría civilizada y culta, más allá de las historias de sus personajes. Sin que nadie lo advirtiera, hace cuatro años, Rohmer lanzó un primer capítulo de una nueva saga con La dama y el duque, que pareció una película por fuera de toda serie conocida de su autor. Ahora se confirma la sospecha de que era la primera parte de Tragedias de la Historia, cuya segunda entrega, Triple agente, simula ser una historia de espionaje, y es en cambio un relato sobre el disimulo y la mentira. En lugar de una película de acción y suspenso es una epopeya íntima sobre la condición humana.
El nuevo experimento creativo del cineasta se basa en una historia real. Fue selección oficial de Berlín.
Triple agente no es una nueva aventura de James Bond sino una película de Eric Rohmer. Libremente inspirada en una historia real que aún no ha sido totalmente aclarada (de hecho lo «real» fueron un par de desapariciones ocurridas a comienzos de los años cuarenta), se ambienta en 1936, en la Europa del Frente Popular y la Guerra Civil Española, así como La dama y el duque, primera parte de la serie Tragedias de la Historia, se ubicaba en la Revolución Francesa.
Sobre los hechos históricos, Rohmer, fiel a sus amores literarios y demasiado culto como para no ver la relación, reconoce también como fuente de inspiración a Los poseídos de Fedor Dostoievski, y El agente secreto, de Joseph Conrad, que había originado Sabotaje. de Alfred Hitchcock, película admirada por el cineasta cuando era crítico de Cahiers du Cinéma.
Con una narración en estricto presente, prescindiendo de explicaciones «psicologistas», con personajes que hablan mucho pero no se revelan a través de lo que dicen sino que se ocultan bajo una catarata de palabras, el film traza con sutileza un cuadro sobre disimulos y mentiras imprecisas. Lo atractivo para un espectador inteligente y culto es la profundidad con que ese camino conduce a Rohmer a uno de sus filmes más atractivos. Quienes acusan a su cine de ser «demasiado charlado», deberán observar la refinada sutileza de una puesta en escena en la que la cámara siempre está revelando mucho más de lo que dice, y en la que el relato no depende de los diálogos sino de las imágenes.
La trama no es la película. Cuenta que un joven ex general del ejército zarista, refugiado en París con su esposa griega, artista y pintora, participa en el caos general. Mientras ella simpatiza con sus vecinos comunistas, él lleva a cabo misiones secretas disfrutando en confundir a los que lo rodean. No intenta ocultar que es un espía, pero encubre la identidad de sus jefes, ¿los rusos blancos?, ¿los comunistas?, ¿los nazis?, ¿todos al mismo tiempo? Acaso él mismo no lo sepa claramente, conformándose con ser un hombre misterioso que ama profundamente a su mujer pero que parece dispuesto a sacrificarla en nombre de una sórdida conspiración de ribetes imprecisos.
Esta historia sin embargo, no es el centro de interés de la película, que sobre esos comportamientos individuales y de los personajes que rodean a los protagonistas, se aproxima a una epopeya íntima. La simplicidad y la agudeza intelectual del autor es la clave para experimentar sus reflexiones, en climas de profunda empatía con las locaciones y con aquellos personajes no necesariamente protagónicos, que definen el sentido moral de cada una de sus historias, como lo probó en sus series anteriores, una temática que atraviesa toda su carrera, la banalidad de la vida en torno a palabras vacías, a las acciones que llevan a cabo los individuos por canales que desafían a su propia identidad y voluntad, filmes de amores y desamparos (como en los Cuentos morales), con miradas más optimistas en Comedias y proverbios.
En los Cuentos de las cuatro estaciones, el amor, el engaño y los sentimientos imprecisos fueron el nuevo eje para la reflexión. En Tragedias de la Historia se percibe el nuevo interés de Rohmer por las conductas elusivas en momentos clave y tensos de la Historia de la humanidad. No hay héroes ni heroísmo en su cine. Lo que surge empero son rasgos de la naturaleza humana. Para Eric Rohmer, uno de los maestros del cine actual, esta es una nueva forma de experimentación y de encuentro poético. Pocos cineastas actuales pueden presentar una simplicidad tan firme y a la vez una comprensión tan íntima de lo que representan realmente los personajes con los que se identifica el espectador. Triple agente es, también y de esta forma, un desafío a la inteligencia y a la sensibilidad. *
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