Tangos en clima intimista
«Estos son tangos para escucharlos en soledad o en buena compañía. Y, si de pronto alguien percibe que sus musas le tocan el hombro y lo convocan, hasta puede trazar sutiles pasos de danza en la intimidad».
Así dice en la presentación de este CD que realizaron juntos el bandoneonista Rodolfo Mederos y el guitarrista Nicolás Brizuela con el simple nombre de «Tangos», grabado en estudios ION de Buenos Aires en mayo de 2000.
Lo registrado aquí por estos dos viejos cultores del tango, en especial Mederos quien tiene detrás suyo una larga carrera de intérprete de la música ciudadana que comenzó en su natal provincia de Córdoba, para destacerse posteriormente con la orquesta de Osvaldo Pugliese y se terminó afianzando de la agrupación Generación Cero con una orientación musical con claras influencias piazzolianas.
«Colacho» Brizuela ha transitado mayormente por el género folclórico, siendo desde hace varios años la primera guitarra en las actuaciones de la cantante Mercedes Sosa.
Un dúo de guitarra y bandoneón siempre hace recordar a lo que hicieron Troilo y Grela y que siempre resulta irrepetible. Pero Mederos y Brizuela están lejos –por suerte– de repetir o imitar aquellas versiones. Lo que plantean es recrear viejos temas con nuevas propuestas musicales y estéticas sin renunciar a la genuina raíz del clima y de las ideas de sus autores.
Buceando en esas canciones del ayer, este dúo con un sonido puro y de gran belleza arremeten con una carga de fuerte emotividad para oídos tangueros en temas como «Sur», «Chiqué» y «Flores negras», en versiones de contrapunto entre guitarra y bandoneón de exquisitas sensibilidades interpretativas, con sus fraseos lerdos y de giros canyengues.
En todo lo que dejan registrado estos dos artistas, ambos lucen sus virtuosas habilidades, sobre la base de un pleno y sustantivo entendimiento musical y temperamental, con deliciosos semitonos subiendo y bajando hasta convertirse en memorables registros. Aquí se encuentra una dimensión de tango intimista, donde se alternan los intensos y profundos bordoneos de la guitarra junto a la melancolía del bandoneón en una exposición hecha a golpes de riqueza preciosista. El registro del tango «Ventarrón» y del vals «Flor de lino» son su mayor ejemplo.
A todo esto se agrega una calidad sonora impecable y una presentación y diseño de disco y carátula, a la que sólo le cabe el mayor elogio.
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