Stones: todo sigue siendo rock and roll
El fin de semana pasado la gira «A Bigger Bang» se despidió en Los Angeles de un periplo iniciado en agosto de 2005 y que dejó plantado al público en España y Hawai, así como a algunos ingleses, canadienses y estadounidenses que habían comprado entradas para los conciertos que anuló la banda por la afonía de Mick Jagger o la dramática caída de Keith Richards desde una palmera.
Nada de eso evitó que los británicos más veteranos del rock and roll se hicieran con 437 millones de dólares en las ciento diez presentaciones que detonaron euforia tanto en el estadio Monumental de Buenos Aires, en el San Siro de Milán, en Glasgow o en clubes nocturnos en Nueva York.
La banda de los cuatro músicos que juntos suman 249 a- ños, marcó un récord en la historia de la industria musical con esta recaudación alcanzada gracias al pago de entradas de tres millones y medio millones de fanáticos que los siguieron en cada una de estas paradas, según las cifras de la revista Billboard.
De esta forma, el tour «Vertigo» de U2 (2005-2006) pasó al segundo lugar, luego de haber ostentado hasta ahora el récord por haber sumado 377 millones de dólares cuando los irlandeses salieron a probarse a los escenarios del mundo.
Los intérpretes de «Es solo rock and roll» y «Midnight» desplegaron lo mejor en luces, plataformas móviles, desafiaron la laringitis de Jagger, de 63 años, esperaron a que Richards se recuperara de la operación en la cabeza a la que se tuvo someter tras caer de un cocotero en las islas Fidji a principios de año y llegaron a un final que los consagra como los maestros del rock.
La vigencia de los Stones dio su máxima prueba en la playa de Copacabana en Río de Janeiro en febrero, pleno verano en Sudamérica, cuando convocaron a más de un millón y medio de personas, y con las guitarras a todo dar, los flacos músicos de «Satisfaction» provocaron un verdadero frenesí con las notas lanzadas desde un inmenso escenario de veinticuatro por sesenta metros. Las polémicas no dejaron de acompañar a la banda, y a pesar de que en el medio no hubo ninguna noticia de Jagger con alguna nueva conquista, Keith Richards desató tremenda controversia en Escocia, cuando por fumarse un cigarrillo mientras tocaba estuvo a punto de pagar una multa de 91 dólares porque violó la ley contra el cigarro de ese país, que prohíbe fumar en lugares públicos. «Con esta historia, Escocia es el hazmerreír del mundo», opinó en agosto un portavoz de Forest, un grupo escocés defensor de los fumadores, insistiendo en que Richards «fuma en escena desde hace cuarenta años» y que no hace mal a nadie, «salvo a sí mismo». Finalmente las autoridades optaron por desechar la multa.
En pleno verano europeo, este año, la banda inyectó puro frenesí en el estadio San Siro de Milán, Italia, uno de los primeros toques de Richards tras la operación en la cabeza, la cual fue relacionada por Jagger con el tema de esa temporada: la final de la Copa Mundial de Fútbol entre Italia y Francia. Sin parar de hacer referencias a los «problemas de cabeza» del guitarrista, Jagger lanzó ante la multitud italiana: «Materazzi y Richards tienen algo en común, ambos tuvieron recientemente problemas relacionados con la cabeza». Entre el público estaban los futbolistas Marco Materazzi y Alessandro Del Piero, que al final subieron a la tarima. En la escala en Nueva York, donde también anularon algunas presentaciones, los Rolling tuvieron el privilegio de ser filmados por Martin Scorsese, quien, además de ser seguidor del grupo, hizo el trabajo «en honor a la fundación del presidente (Bill) Clinton contra el Sida», otro fan de la generación Stones.
El telón de «A Bigger Band» se bajó y nadie ha adelantado qué traman los británicos con cuarenta y tres años sobre los escenarios, vendedores de discos en cualquier rincón del planeta, de espíritus rebeldes que pareciera no haber domesticado la edad y que no parecen pensar en ningún retiro. Vale recordar su actuación el verano pasado en Buenos Aires, concierto que pudo verse en Montevideo a travees de la televisión.
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