Los esdrújulos de Daniel Viglietti
Ese encuentro sirvió también para que Viglietti, dejara para LA REPUBLICA su visión sobre el Uruguay actual, y hablara de sus proyectos, afirmando que su estado de ánimo es esdrújulo. «Esdrújulo como la palabra, ánimo. Siempre me ha gustado tomar contacto con la gente, en un acto abierto, donde no hay limitaciones para concurrir, y donde la comunicación es directa, espontánea. Donde además uno sabe que hay gente que conoce las canciones, pero también hay gente que puede no conocerlas. Entonces se produce como un descubrimiento mutuo. Hay gente que descubre canciones, los chiquitos, los adolescentes. Y eso es muy lindo.
Además uno se siente en Uruguay, en esta etapa del nuevo gobierno, donde hay cosas complicadas y opinables. Siempre las habrá porque no hay una experiencia perfecta. Pero hay que seguir mejorando, hay que seguir profundizando.
En medio de todo eso uno siente otro ánimo. Se siente otro ánimo en la gente. Hay que juntarse, estar unidos. En el recital también aludí a ese fenómeno que pasó ahora, como es que empieza una ofensiva de los peores sectores conservadores. Entonces hay que estar muy juntos. Por eso también mencioné experiencias como la cubana, la venezolana, también nombré a Brasil, por Los Sin Tierra. Son todas experiencias de pueblo que se junta y que quiere cambiar. No basta con ganar unas elecciones.
Me diría Carlos Molina, son como dos payadores, el gobierno y la realidad, y lo que se espera de él. Es como una payada de contrapunto. Por eso, tanto la destitución del general Díaz como lo hecho frente a la presión, a la defensa de privilegios de un sector, fueron medidas muy bien recibidas por la gente.
Sabemos que esto no es una revolución. Hemos soñado tanto con una revolución, que nos gustaría que fuera una revolución. Eso no quiere decir que quede solo en una evolución.
Hay que profundizar los pasos que se van dando. Esto no lo va a resolver ni un cantor, ni una persona, ni un grupo ni un sector, pero somos muchos los que pensamos que hay que profundizar. Por ejemplo, de ninguna manera punto final al tema de los desaparecidos. Es un tema que cambió porque se han dado pasos que nunca se dieron en los gobiernos anteriores».
–Y que deja muchas enseñanzas…
–Sí, vengo de estar justamente en una experiencia muy emotiva, cerca de Pando, muy cerca de la escuela donde era maestra Elena Quinteros. Estuve allí reunido con vecinos. Estuvo la siempre emocionante presencia de Sara Méndez, que estaba con Raúl Olivera, autores del libro Secuestro en la embajada, y fue precioso el contacto con alumnos de Elena Quinteros, que hoy son gente de 40 años.
Es muy importante lo que está pasando en muchos planos. Sigo pensando, como se lo dije a la gente de este, mi barrio, Sayago, que es muy importante tener claro que nosotros cuando cantamos ciertas cosas ha sido una tarea que nos tocó a una generación, a una época, y yo la sigo sosteniendo, sin creer que sea un modelo, un dogma, pero qué importante es sentirlo como semillita.
Me acordaba mucho de Capagorry que escribió un hermoso cuento, «El yuyero», que salía con las bolsas de arpillera, y los yuyos se iban desparramando y crecían por acá y por allá. Quizás esa sea la labor del cantor, o lo que algunos podrían decir «ahhh, tocar el cielo del cambio en una canción». Yo creo que se desparraman semillitas. Las mismas semillitas que cuando yo era chico escuché de Bola de Nieve, de Atahualpa Yupanqui, de César Vallejo, y de la gente, que es el semillero más lindo que hay.
–Y qué hermosa es la sensibilidad de la gente hacia el tema de los desaparecidos
–Sí, sí, saben de lo que se trata. Porque todo este sufrimiento que padeció nuestro pueblo, como otros pueblos que lo han padecido en camino al cambio. No fue inútil, valió la pena. Y la pena fue muy grande, y es muy fácil decirlo y hay que haberlo vivido. Yo recién me crucé con un flaco que vino con una bebita, padre tardío, no por casualidad padre tardío, y me dijo: «Yo soy un ex preso». Y yo me dije: «caramba», yo he mencionado el tema de los ex presos, lo que están padeciendo. Enfermedades, secuelas, pero para ellos también va a haber una respuesta. Sí, todos hemos aprendido. El dolor es un maestro. Nadie lo elige, ni lo busca, pero cuando viene deja secuelas de las que se aprende. Vamos a inventar un mundo donde el compañerismo sea lo que prime, y no el interés, el egoísmo y esas cosas horribles de las dictaduras, las brutalidades que han hecho.
–En tu repertorio estás incluyendo canciones de Aníbal Sampayo y de Marcos Velázquez, ¿es como para mantener en el recuerdo a esos compañeros cantores?
–El motivo es que yo los siento muy hermanos a los dos, Tú viste que en el estilo nuestro, de vez en cuando, se cantan canciones de los que hemos sido compositores, intérpretes, pero a la vez abordamos canciones de otro. Yo en una época también latinoamericanicé el repertorio con temas de Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Chico Buarque, Edú Lobo, de poetas peruanos, españoles y otros. Pero por otro lado, también soy muy sensible a trabajos que han hecho otros como por ejemplo Aníbal Sampayo y Marcos Velázquez, y los nombro por orden de edad, que abordaron el folclorismo. Sampayo trabajó en toda el área litoraleña y Marcos Velázquez es como un explorador del folclore. Entonces yo he sentido a veces ramalazos de olvido sobre ellos. Quizás es esa la razón y mi respeto por ellos. Los dos son amigos, han pasado y pasan por momentos difíciles. Además son canciones que yo veo están incorporadas a la memoria uruguaya, es como cantar el himno.
–¿Qué intérpretes te están interesando, tanto a nivel local como internacional?
–Hoy me decía un chofer del taxi que me trajo hasta Sayago: «Lo que pasa es que ya no hay cantores como en la época de ustedes». Yo le dije que no estaba de acuerdo. Creo que hay cantores, lo que pasa es que las diferentes generaciones no irrumpen de un golpe. La del 77, el primer día que cantaron Los que Iban Cantando, Leo Maslíah, Fernando Cabrera, Jorge Lazaroff, Jorge Bonaldi, Carlos da Silveira, Luis Trochón, Jorge Di Hipólito, tampoco se produjo ese golpe. Eso se va instalando, se va creando una nueva memoria, de eso se trata. En materia cultural, en materia de canciones y en materia política, instalar una nueva memoria, instalar una nueva lectura de la historia. Basta de mentiras y hablar de otra manera de la historia. En ese sentido creo que la canción siga viva, la música sigue viva. Hay una cantidad de géneros para elegir.
Los géneros no pueden ser fotocopias de las cosas anteriores. Imaginate si todos estuvieran cantando como Zitarrosa, como Los Olima, como El Sabalero, como uno, sería un hastío. Sería como vivir rodeado de espejos, y así no se puede. Y los nombres se van a ir generando. Hay para elegir, yo no quiero ser injusto, diciendo uno y otro, pero hay bandas, hay grupos, hay rock. En fin, hay muchas variantes, y en ese sentido hay que ser poroso, no hay que dogmatizarse, hay que ser abierto.
–Hablaste de rock. ¿Te ha impresionado el movimiento roquero que se viene dando desde hace unos años?
–Sí, cómo no. Pero no estrictamente solo el roquero. Me ha impresionado todo lo que va pasando, los grupos, las bandas, algunos solistas. Se sigue buscando. En la medida en que se busque lo humano, que se busque un intercambio de ideas que lleve a sacarse de encima todo esto que nos ha pisoteado. Mientras haya gente que se resista y que lo haga con exigencia musical, letrista, vamos arriba.
–¿Estás preparando algún otro disco?
–No quiero hacer una huella digital y poner una firm
a, pero creo que va a salir material nuevo el año que viene. Me gustan los años impares.
Pero estoy también con un trabajo, que no es mío, que es de Mario Benedetti nada menos, que va a salir pronto. Es un libro que va desde los orígenes del trabajo mío, hasta el hoy por hoy. Tengo el honor de que lo haga Mario. Todos sabemos lo que significa, pero para mí significa la amistad entrañable. Mario también ha tenido sus tristezas, pero sigue trabajando todas las mañanas, escribiendo, y siempre de pie. Y lo de él para mí es como una incitación a otro proyecto, escribir yo. *
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