A los 81 años falleció Robert Altman

El director de cine estadounidense Robert Altman, autor de obras como MASH y El jugador, murió el lunes a los 81 años, confirmó ayer su productora a la AFP.

Altman, quien este año había recibido el Oscar por su larga trayectoria artística y cuya última película en cartelera fue A prairie home companion, se caracterizó por marcar su carrera con una visión cínica de la sociedad.

Su ojo crítico frente a Estados Unidos hizo que el veterano director, productor y guionista recibiera en marzo pasado el Oscar honorífico de la Academia, que desde 1970 lo nominó siete veces y nunca lo consideró ganador de la estatuilla.

A sus 81 años había empezado el año promocionando su última cinta A prairie home companion, aclamada en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde la crítica afirmó que el prolífico director ya había empezado a interrogarse sobre la muerte.

En su trayectoria de más cuatro décadas, la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas lo nominó cinco veces como Mejor Director por MASH (1970), Nashville (1975), The player (1992), Short cuts (1993) y Gosford park (2001). Además, dos de sus obras, Nashville y Gosford park, ganaron la nominación de Mejor Película.

Nacido el 20 de febrero de 1925 en Kansas City, Missouri, se educó en colegios jesuitas, luego obtuvo un título en Matemáticas y en plena juventud participó en la II Guerra Mundial como piloto de bombarderos.

Su primer contacto con el cine hizo que se mudara a Nueva York, donde empezó su trabajo como guionista, hasta que en 1957 lanzó «The Delinquents», su primer largometraje que si bien ya daba señas de un estilo diferente del director, éste no impresionó a la crítica hasta 1970, cuando hizo MASH, una sátira de la guerra de Corea que se llevó la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

También fue director y guionista de series de televisión a lo largo de una carrera marcada por una relación de amor y odio con la crítica y su público.

Fue aclamado con MASH e incluso adorado con Nashville, la historia del incipiente mundo del country, pero abucheado con su intento fallido de revivir a «Popeye» con Robin Williams o indagar en el mundo de la moda parisina en Pret a porter.

«Mis películas pueden no satisfacer al público general, pero nunca fueron hechas para eso», era el tono de las respuestas que podía dar Altman sobre sus obras cuando eran blanco de los dardos más venenosos de la crítica.

Tras dos fracasos matrimoniales, se casó en 1959 con Kathryn Reed Altman, madre de dos de sus cinco hijos, con quien compartió su vida hasta el lunes, cuando por falleció en un hospital de Los Angeles.

«Gracias mi amor, sin ti no hubiese podido estar aquí», le lanzó con Oscar en mano desde el podio del teatro Kodak en marzo de este año.

El prolífico Altman se anotó una carrera de 55 años y hasta el final fue un irreverente dentro de la industria de Hollywood, a quien dedicó varios guiones cínicos.

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