Comienza en Cinemateca Uruguaya una muestra de largometrajes de animación
Los filmes se presentarán en copias de 35 milímetros y subtituladas en español. Pero no son solamente películas para niños o adolescentes, sino para adultos y a veces también para niños. Más que una curiosidad se trata de una demostración del talento de cineastas, entre los cuales el maestro Paul Grimault, con la obra de toda su vida, El rey el pájaro, realizada a lo largo de tres décadas.
En 2005 once películas de animación y de largometraje de todo el mundo compitieron por el Oscar de Hollywood. Era la primera vez que eso sucedía. En este momento se desarrollan en Europa y en particular en Francia más de treinta proyectos, cosa que nunca antes había ocurrido.
Internacionalmente este tipo de cine presenta una real vitalidad. Han quedado muy atrás los tiempos en que apenas uno o dos ejemplares producidos con criterio muy industrial por la casa Disney asomaban en las salas de todo el mundo.
Ahora Disney ha perdido el monopolio del que disfrutó durante mucho tiempo, y le han surgido competidores reales en América (Pixar, DreamWorks, Fox), Europa (el ciclo que estrenará Cinemateca lo prueba) y Japón.
Los mayores ingresos de boletería que el cine de animación ha conocido se están dando en muchos países.
Todo indica que no se trata de una simple moda. Como señala Serge Bromberg, director del Festival Internacional del Cine de Animación de Annecy, esta «es la consecuencia lógica del mayor interés del público por las técnicas de animación y también, o quizás sea esta la razón principal, por la evolución de tecnologías que permiten ofrecer espectáculos más variados a costos de producción más accesibles». El especialista explica que ahora «hay un público para el largometraje de animación, y la supremacía norteamericana tropieza con una realidad enérgica en Europa, que va ganando terreno. Nuestras escuelas de cine imparten a los alumnos la formación necesaria para este tipo de producción».
Francia ocupa ya un puesto preponderante en esa galaxia, y los productores parecen estar en todas partes, implicados en los proyectos más creativos. El éxito está confirmado por la acogida que estas películas han tenido entre el público. Hoy el largo francés de animación se atreve con estilos y públicos diversos y transversales, descubre nuevos territorios, inventa otras formas de contar una historia. Alguien ha dicho que «se está asistiendo al advenimiento de un nuevo formato del cine, noble y de primer orden».
Este Festival reúne los más notables filmes franceses de animación de los últimos años, desde la obra de culminación de Grimault hasta películas de hace sólo un año. La lista que confirma talentos y expectativas:
El perro, el general y los pájaros (Francis Nielsen, 2003), fábula sobre general ruso que incendió Moscú para salvar a su país de Napoleón. Los pájaros, aniquilados en el incendio lo persiguen.
La isla de Black Mor (Jean-François Laguionie, 2005), en la costa de Cornuailles, 1803, donde un fugitivo de orfanato posee un mapa que lo guía al tesoro de un pirata.
Las trillizas de Belleville (Sylvain Chomet, 2003), para adultos, sin diálogos y con calidad visual trabaja el humor casi surrealista de un nieto que guarda fotos de los ciclistas del Tour de France.
El rey y el pájaro (Paul Grimault), comenzada en 1952, y prolongada hasta 1980 es la obra de toda la vida de un maestro de la animación.
La profecía de las ranas (Jacques-Remy Girard, 2003), cerca de una granja, las ranas prevén un nuevo diluvio pero los humanos no se dan cuenta. Tratarán de convivir humanos y animales.
Kirikou y la hechicera (Michel Ocelot, 1998) sobre el diminuto y peleador Kirikou, inspirada en leyendas africanas y énfasis en la tolerancia y la diversidad. *
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