Tiene la palabra
Tratado de Paz y Amistad de 1870
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* No siempre Uruguay recibió con los brazos abiertos a la inmigración, se promulgaron leyes restrictivas, que ponían trabas a los extranjeros que querían establecerse en nuestro país.
La primera ley es de 1890, esta establecía criterios de rechazo por enfermedades, defectos físicos y mayores de 60 años.
También prohibía específicamente la inmigración asiática, africana y de húngaros o bohemios (esto se llama xenofobia).
La segunda es de 1915, que ampliaba la de 1890, que
rechazaba la entrada al país, a personas con enfermedades contagiosas.
La tercera es sancionada el 19/07/1932, la ley 8868 que prohibe la entrada a Uruguay de extranjeros por el plazo de un año; solo el Consejo Nacional de Administración podía autorizar el ingreso de obreros especializados (con contrato) y siempre que esa especialidad no pudiera ser ejercida por un trabajador nacional y sigue ampliándose la lista de inmigrante indeseable para enfermos y en general para todos los que no puedan realizar esfuerzos físicos debido a su estado de salud.
La cuarta ley restrictiva es la 9604 del 13/10/1936 que modifica y amplia la de 1932, que agrega dos nuevas causas para ser rechazado, los extranjeros que estuvieran vinculados a organizaciones sociales o políticas.
Posteriormente hay un decreto del 28/02/1947, que reglamenta la entrada y permanencia de extranjeros en el territorio de la República O. del Uruguay.
Como se dice en España «ni tanto ni tan calvo», no todo es blanco o negro, bueno o malo. Mi esposo y yo con un bebé de
meses, tuvimos que emigrar hace 32 años a España, hoy por fin hemos podido regresar al «paisito», ya jubilados.
Gracias España, gracias Uruguay.
Atentamente.
AMALIA MOREIRA GORGA – C.I. 1.576.813-2 – [email protected]
Pensar ya en términos electorales
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Más allá de la posición política de cada uno, creo que la mayoría de los uruguayos reconoce que, luego de 175 años que el país tuvo la conducción de los partidos tradicionales, desde el 1º de marzo de 2005 tomó el timón una nueva fuerza con 34 años de existencia y de un continuo proceso de aglutinación y unidad popular (incluido el período dictatorial 1973 – 1984).
Tras 20 meses de gestión se constata ya una etapa de continuos avances en diversos campos de la vida del país. Cierto que aún falta mucho por hacer, pero hay un rumbo establecido, hay planes bien delineados para desarrollar en estos tres años y cinco meses que faltan hasta el 1º de marzo de 2010. Las elecciones de octubre-noviembre de 2009 determinarán la continuación o la interrupción de este proceso de cambio.
Está claro que cinco años de gobierno no son suficientes para efectivizar un proceso que implica este cambio de rumbo y la rectificación de procedimientos y vicios de gestión heredados y consolidados por más de un siglo y medio, asegurando el real cumplimiento de las metas trazadas y el logro del país de futuro que tanto soñamos. Pensar desde ya en términos estratégicos es fundamental. A fines de 2009 quienes detentaron siempre el poder (y lo usufructuaron) se vendrá con todo para recuperarlo. Blancos y colorados, ya totalmente asociados y unidos, intentando una nueva imagen y un nuevo discurso, y con todos los recursos que las clases dominantes y el poder económico pondrán en sus manos, harán sin lugar a dudas una pujante embestida baguala para recuperar el poder abortando este fermental proceso de cambio del progresismo uruguayo.
En consecuencia, pensar desde ya en términos electorales, anticipándonos a la puja de 2009, es fundamental. Tenemos y tendremos para entonces, programa, rumbos, proyectos. Tenemos y tendremos la herramienta política: el FA-EP-NM Más allá de los matices, tenemos y tendremos la unidad, sin la cual nada es posible.
¿Qué nos puede faltar? El líder. Hasta hoy tuvimos el acierto (y la suerte) de ubicar al frente de ese liderazgo a hombres de la talla de Seregni y Tabaré. Pero, de acuerdo a la Constitución, un presidente no puede ser reelecto. En la mayoría de los países esa reelección es posible. Nuestra ley madre -quizá en un exceso de celo, buscó limitar las eventuales ambiciones personales de poder, estableciendo esa limitación. El Uruguay democrático recuperado tiene, sin embargo, un buen equilibrio e independencia de poderes, que hace inviable la ruptura de ese equilibrio con el predominio de una persona sobre la estructura institucional… Pero, la Constitución debe ser, no sólo una garantía sino también un instrumento que facilite y haga viable el desarrollo histórico de los procesos que democráticamente una sociedad decida emprender. Hoy, la mayor esperanza y expectativa que tienen los sectores conservadores, es que en el 2009 no tengan a Tabaré Vázquez como rival… ¿Y nosotros se lo vamos a facilitar? ¿Le vamos a dar ese cachón? Se nos dirá, inclusive algunos frentamplistas, que nosotros apostamos políticamente en la lucha por un tipo de país, por un programa, y que nuestros líderes son sólo representantes a quienes hemos promovido con nuestro voto para ejecutar esos planes. Pero no seamos ilusos, seamos realistas: los pueblos sólo se juegan y avanzan no sólo en bases a ideales, sino que necesitan concentrar su fe y su confianza cuando esas metas hacen carne en un conductor concreto capaz de liderar ese futuro.
Los uruguayos lo tenemos, tienen carisma, tienen autoridad, es honesto, es un consumado articulador político… ¿Podemos darnos el lujo de aceptar su descarte y no asegurar la continuidad del proyecto de cambios? ¿Podemos ser tan torpes e inactivos y enfrentar el riesgo de un proyecto inacababo? ¿Qué hacer entonces?
Pues, asumir ese riesgo y trabajar desde ya dando los pasos que sean necesarios para reformar la Constitución y asegurar al conjunto del país, que el Conductor, que el timonel podrá seguir encabezando la histórica tarea que el pueblo le ha encomendado.
Sin dudas ni rubores, por la reelección de Tabaré.
SAUL CORREA PEREIRA – EDIL DEL FA (PS90) – PERIODO 200-2005 – C.I. 846.173
Compartí tu opinión con toda la comunidad