Palabras de la noche

El ser humano ha procurado, en el decurso de su milenaria historia, explicar y decodificar su universo material y existencial de forma razonable, definiendo y catalogándolo todo, como una suerte de estrategia para crear certezas que lo inmunicen contra la incertidumbre y, en un último caso, contra ese devastador y terrible misterio que es la muerte.

El arte ha sido, desde siempre, uno de los mecanismos que el hombre ha empleado para interpretar la realidad que va más allá de lo meramente tangible y el complejo mundo que habita en nuestro interior.

Pero toda interpretación es, en sí misma, una visión fragmentaria, subjetiva, deformada por la experiencia, los preconceptos, el conocimiento y la voluntad.

Por lo tanto, la expresión artística como forma de observar el mundo y explicarlo, ha ido deviniendo, a su vez, en un ejercicio deliberadamente elusivo que apunta a inventar otros mundos.

El surrealismo, curiosa fusión entre lo perceptible mediante lo racional y lo onírico, ha permeado la obra de diversos artistas en todas las épocas, desde el arte rupestre hasta la era contemporánea. Ese permanente discurrir intelectual que a menudo se consagra en la creación, suele devenir en la búsqueda de asociaciones libres y de universos que trascienden a lo meramente sensorial y a los territorios de la cotidianidad.

Rafael Courtoisie, si bien es un escritor que por su indudable versatilidad es harto difícil de catalogar, hace gala, en muchas de sus obras, de una febril y desbordante capacidad para elaborar su propia visión del mundo, mediante una creación tan potente como revulsiva.

Con frecuencia, su pluma evoluciona entre las antípodas de lo onírico y lo crudamente cotidiana, lo que le otorga una intransferible identidad literaria.

Su flamante conjunto poético, intitulado «Palabras de la noche», es un intrincado viaje rumbo al alma misma de la cosmogonía personal del autor.

Privilegiando tanto el envase como el contenido, el talentoso escritor uruguayo elabora un discurso personal e intransferible, que desafía permanentemente la imaginación del lector, quien es, simultáneamente, objeto y sujeto de su obra, espectador y partícipe de esta auténtica aventura de redescubrimiento de la condición humana. Para comprender el universo alucinado y poblado de seres irreales pero que a la vez respiran cotidianidad, quizás convenga conocer buena parte de la obra de Courtoisie.

Si bien podría admitirse que no existe un tema unificador, este libro realimenta esa especie de cosmos tan íntimo parido por el autor en títulos precedentes.

Aparece aquel símbolo llamado Umbría, palabra que tiene, más allá de su significado semántico evidente, diversas resonancias y representaciones, en esta interpretación o interpretación- creación que hace el poeta del entorno que habita y que, a su vez, lo habita. Umbría puede tener varios significados: una mujer adorada, deificada e inalcanzada, pero, paradójicamente, carnalmente tangible, un lugar, quizá una interpretación de Utopía, donde se desarrolla la peripecia existencial de los seres que pueblan la obra, criaturas amorfas, extrañas en su apariencia y acciones, pero identificables en su psicología.

Ese nombre es quizá el eje del libro, lo que le otorga un corpus subyacente pero reconocible, en el cual el poeta se reconoce y nos permite reconocernos. En más de un sentido, representa lo buscado, lo anhelado, aquel lugar donde todo se encuentra, tan cercano y oculto a un tiempo.

La capacidad del autor de generar increíbles metáforas de arrolladora fuerza poética y de llamativa belleza aún en su complejidad, es, por momentos, quizá demasiado abrumadora.

Eso le permite dotar al texto de una inusual potencia expresiva que, por su riqueza, no es habitual en la literatura contemporánea.

De todas formas, es sin dudas muy destacable el reconocido oficio de Rafael Courtoisie para urdir, mediante su desbordante capacidad poética, un inextricable mundo de texturas, colores y sensaciones difíciles de explicar.

«Palabras de la noche» es una obra dirigida a un lector intelectualmente maduro, que requiere de un profundo ejercicio de reflexión. *

(Monte Ávila Editores)

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