El hip-hop adora las marcas
Según un informe de la revista Billboard sobre el uso de marcas en 2005 en el rap, de 106 canciones reseñadas en su «Top 20″, 36%; incluía el nombre de algún producto en sus letras, ubicándose el coñac Hennessy en sexto puesto y el champán Cristal en el noveno, dos casillas más abajo que en 2003 y 2004. «El hielo de mis dientes mantiene frio el Cristal», rapea, por ejemplo, el popular Young Buck, mientras su colega The Game menciona en una sola línea: «Impacto mi gran (Mercedes) Benz, bebiendo sorbos de un Hennessy, a eso de las doce en punto, reviento un Cristal». A principios de los 90, el género musical que nació en los sectores pobres negros de las ciudades estadounidenses se extendió y conquistó los suburbios blancos de todo el mundo, donde con MC y DJ (audio mezcla y ‘scratching’), el ‘breakdancing’ o los ‘tags’, dieron forma a la tribu cultural del ‘hip-hop’. El ‘rap’ se impuso en el mundo con letras sobre rutinas violentas, malestar social y personal y dando a la mujer, en la gran mayoría de las canciones, el peor de los tratamientos. Con la popularidad llegaron los magnates del género, como P. Diddy, Jay-Z o 50 Cent, que hicieron de las marcas del lujo un punto omnipresente de su recitado. En los últimos años, rapero es sinónimo de ‘bling’, palabra inglesa que significa al mismo tiempo ostentación, lujo y exceso. Los raperos se muestran cargados de oro y diamantes y fumando habanos. En cuanto a bebidas, a principios de los años 2000 gustaban las mejores marcas de coñac, y recientemente sucumben ante las grandes botellas de las más prestigiosas marcas de champán. Según Billboard, en 2005 Mercedez Benz fue la marca más mencionada en las canciones más famosas, seguida por los zapatos Nike, los autos Cadillac, Bentley, Rolls Roys, el coñac Hennessy, la casa de moda Louis Vuitton y el champán Cristal, cuya botella preferida por los raperos cuesta más de 300 dólares. En el décimo puesto de marcas figuró AK-47, el fúsil de asalto soviético. El tema «Rich Girl» de la popular Gwen Stefani, mencionan en su letra a Vivienne Westwood y Galliano, la diva Mariah Carey, en sus temas «It’s Like That» y «Shake It Off» evoca a Bacardi, Calgon y Louis Vuitton.
Hip Hop, vino champán
El champán, el néctar de las esferas de élite, conquista en Estados Unidos a los raperos, que consumen con gula las marcas más caras de esta bebida, poniendo en jaque a sus fabricantes, tan deseosos de expandir su mercado como de conservar su imagen de producto elegante y exclusivo.
El descorche de botellas de Dom Pérignon o Cristal Roederer, en tamaños «magnum», «jéroboam» o «mathusalem» -nombres que identifican el tamaño de las botellas con más litros-, es algo tan común en los clubes y fiestas privadas del universo ‘hip-hop’ como en la final de una carrera de fórmula uno. Los raperos nacieron como una corriente musical callejera en los 80, enalteciendo una conciencia de gueto de zonas desfavorecidas de las grandes ciudades, que en la última década, de la mano de verdaderos magnates del género como Jay-Z y P. Diddy, rinde culto -a veces satíricamente- al lujo. «Para ellos, son tan importantes sus letras contestatarias como los autos y los trajes más lujosos y el champán más caro: una bebida asociada con la elegancia (…), para mostrar que llevan una vida a lo grande», explicó a la AFP la musicóloga Cheryl Keyes, profesora de cultura popular de la Universidad del Sur California (USC). Las joyas recargadas en diamantes, la ropa de grandes firmas italianas y el mejor de los habanos son los signos exteriores de éxito de los raperos cuando llegan a una gala, dan entrevistas o, como P. Diddy, celebran su cumpleaños en un yate donde el champán se toma como si brotara de fuentes. En Estados Unidos se venden 20,6 millones de botellas de champán francés (para una producción de 301 millones de botellas, según cifras de 2005 del Comité Interprofesional del Vino de Champaña, CIVC). Estos datos ubican a Estados Unidos como el segundo mercado en el extranjero más importante para los productores, por detrás de Gran Bretaña. Pero se trata del elixir de los dioses, un brebaje asociado a la aristocracia y que al mismo tiempo siempre ha cautivado a extravagantes. Es «algo que se ha dado en todas las épocas», señaló a título personal el portavoz de CIVC, Daniel Lorson. Sin embargo, la extravagancia de los raperos como consumidores en Estados Unidos del champán Cristal de la casa Louis Roederer, marca que cultiva su imagen de distinción, no fue bien recibida por su director, Frédéric Rouzaud, quien en junio pasado declaró a The Economist: «¿Qué se le va a hacer? (…) no podemos evitar que la gente lo compre». Sus palabras fueron calificadas de «racistas» por el rey del rap estadounidense, Jay-Z, novio de Beyonce, quien llamó a un boicot de la bebida. Jay-Z, como otros compositores del género, mencionaban la marca en sus letras. Ahora ha prohibido que en su cadena de clubes nocturnos 40/40 se sirva el sutilmente espumoso Cristal. La crisis no pasó desapercibida para Dom Pérignon o Veuve-Cliquot, que, como buenos competidores, empezaron a cortejar a la clientela rapera. *
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