Vidas desperdiciadas
En pleno tercer milenio, el modelo de acumulación capitalista sigue consolidando su hegemonía, mediante la apropiación de los mercados financieros y la aplicación de nuevas pautas de dominación.
La creciente trasnacionalización del capital ha barrido literalmente con las soberanías nacionales, capturando nuevas parcelas de poder aún en las regiones más remotas del planeta.
Esta nueva estrategia, que adquirió renovado auge luego de la desaparición de la bipolaridad, reafirma la tesis de que estamos asistiendo a una nueva fase de expansión imperialista.
Al margen de situaciones concretas, como las sangrientas invasiones a Irak y Afganistán, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, la colonización no se opera mediante la vía militar.
Contemporáneamente, la confrontación es entre el primer mundo desarrollado y los países subdesarrollados o emergentes, los que luchan denodadamente por construir sus propios destinos.
Mientras los organismos crediticios internacionales imponen condiciones inaceptables para otorgar asistencia financiera a tasas usurarias, las naciones periféricas se debaten entre el instinto de supervivencia y la humillación.
La dependencia, que comenzó a acentuarse durante la década del sesenta del siglo pasado, se ha transformado en una suerte de estigma y una auténtica condena para los deudores.
La meta de reducción de la pobreza proclamada hace ya un buen tiempo por la Organización de las Naciones Unidas, se ha visto dramáticamente frustrada por una realidad contradictoria.
Es que existe una sideral distancia entre el discurso meramente teórico de los voceros del nuevo orden neoliberal y la praxis de las potencias económicas, que mientras reclaman la liberalización de los mercados, interponen, por ejemplo, barreras arancelarias virtualmente infranqueables.
En «Vidas desperdiciadas», el investigador Zygmut Bauman construye un revelador ensayo en torno al estado de malestar mundial con la globalización, que se expresa en un cuadro de asimetrías sociales cada vez más severas.
Sin abandonar el contexto de este tratado eminentemente sociológico, el autor reflexiona incluso acerca de la depresión que afecta particularmente a los jóvenes, la que atribuye a una situación de insatisfacción ante la falta de respuestas a sus legítimas demandas de desarrollo individual.
Sin embargo, la obra se centra particularmente en las aberrantes dicotomías existentes a nivel mundial, entre las sociedades de nivel suntuario y las comunidades humanas cada vez más sumergidas en la miseria y la postración colectiva.
El escritor reserva sus mayores cuestionamientos no sólo a la desigual distribución de la riqueza, sino también a la creciente ocupación de espacios geográficos y culturales.
Las vidas desperdiciadas que invoca explícitamente el título de este revelador ensayo, aluden a los parias de la modernidad, que viven absolutamente al margen del progreso y los beneficios de una globalización escandalosamente desigual.
La obra alude particularmente a la situación de los inmigrantes y los asilados, cuya presencia en el mundo capitalista origina severas medidas de seguridad que, a menudo, ponen en tela de juicio a la propia democracia. *
(Edición de Paidós)
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